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Una solución innovadora, un bar-museo renacido, habitués memoriosos: cómo es el homenaje a Duchamp en Alsina y Entre Ríos

En el edificio del Bar Oscar vivieron el célebre artista francés y también Francisco Canaro. Desde hace años hay jornadas culturales en su honor.
Usina de cultura en pleno Congreso. El bar Oscar recibe visitas de todo el mundo. Cuenta con el apoyo de la Asociación de Comerciantes de la Avenida Entre Ríos.

En el edificio del Bar Oscar vivieron el célebre artista francés y también Francisco Canaro. Desde hace años hay jornadas culturales en su honor.

A 100 años de su paso por la zona de Congreso, el artista francés Marcel Duchamp sigue creando. Ahora no son sus manos, pero sí es su espíritu el que inspira a vecinos, comerciantes, nuevos artistas. Testimonio de ello es la transformación en hito cultural y cantina-museo del Bar Oscar de Alsina 1743.

Entre 1918 y 1919 Duchamp se mudó a Buenos Aires. Instalado en el tercer piso de este inmueble de la calle Alsina, trabajó en su obra “El Gran Vidrio” (“La novia desnudada por sus solteros” es el nombre original). Se volvió un fanático de la manteca argentina y del ajedrez. Fundó la Federación Argentina de Ajedrez (FADA), todavía vigente. En el octavo piso vivió el tanguero uruguayo Francisco Canaro. Ambos trabaron una fraternidad, famosa e inmortal.  

El bar está dentro del territorio de la Asociación de Comerciantes Av. Entre Ríos. Sus integrantes trabajan para consolidar este centro comercial a cielo abierto y eso incluye fortalecer el área cultural. “Como vecinos del lugar descubrimos el bar con este potencial y su historia. Hablamos con los dueños. Hicimos eventos en el bar para juntar fondos para pagarle al herrero como parte de un proceso de restauración progresivo que hoy continúa”, rememora Andrea Carricaburu, presidenta de la Asociación. 

La idea gestora de este proceso de restauración partió desde la consultora de arquitectura, planeamiento y ambiente de Silvia Fajre, que está ubicada en Solís 215, dentro del territorio de la Asociación. Hace tres años, los pasantes y asistentes de una materia que da la arquitecta Fajre en la facultad, como parte de su trabajo final, empezaron a intervenir en la restauración del inmueble. A la par hubo una intervención de la Escuela Taller del Casco Histórico, cuyos estudiantes también repararon la fachada, por impulso de la Gerencia Operativa de Casco Histórico del Ministerio de Cultura porteño.

La consultora hizo el contacto con la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF). Así se incluyó el homenaje a Duchamp dentro de la Bienal Sur, organizado por la casa de estudios. En 2017 fijó una placa y rebautizó a Alsina 1743 como “Sitio Duchamp – Canaro”.

La edición de este año de Bienal Sur culminó este viernes 11 de octubre con festejos y actividades en la Biblioteca del Congreso de la Nación en homenaje a Duchamp. La idea era hacerlo en la vereda de Alsina, como en ediciones anteriores, pero se mudó bajo techo por las fuertes lluvias. De todos modos, los asistentes hicieron un after y brindaron en el bar al terminar la jornada.

En el marco del centenario, este reducto de comidas de la vieja escuela, administrado por la segunda y tercera generación de la familia Pereyra, se convirtió en el primer negocio porteño en usar paneles solares para generar electricidad. Fue una donación de la Embajada de Francia y la empresa Total, como respuesta al movimiento cultural que se generó tras la intervención patrimonialista de la Asociación de comerciantes.

Estos paneles nutren las luces internas de la cantina y la histórica fachada. Su función también apunta al arte: iluminan la medianera lateral donde está el mural hecho en 2018 por el artista francés Francoise Abelanet. Es una reinterpretación de Rotorelief de Duchamp. 

También da energía a un letrero de neón hecho en 2017 por Gabriela Golder y Mariela Yeregui, creadoras de Proyecto Escrituras, con la leyenda “La elección es ida y vuelta”, del libro Marchlan du Sel publicado por Duchamp en 1958. Hay otro neón en la fachada del garage de enfrente. 

Para dar la impronta de cantina-museo, la editorial 3+1 donó mesas con tableros de ajedrez estampados. En los muros del bar hay enmarcados afiches con la historia del centenario Duchamp. Uno de ellos cuenta que en 1998 el artista argentino Fernando García Delgado le propuso al artista Juan Carlos Romer la idea de organizar una caminata en homenaje a Duchamp para participar de los encuentros Incongruentes organizados por el artista italiano Vittore Baroni. En 2016 además la artista Ivana Vollaro realizó la caminata “Mi vecino Marcel”, que culminó en la plaza seca del Centro Cultural San Martín (Sarmiento 1551); antaño ese inmueble alojó el taller del artista francés.

Todo este movimiento en torno al “Sitio Duchamp – Canaro” generó una mística cultural única. Así lo describe ante este medio el diplomático francés Jean-Pierre Asvazadourian: “Instalamos los paneles solares para que esta pintura de Abelanet llame la atención. Cambió la identidad de la calle Alsina. Mucha gente viene a ver la pintura porque saben que acá estaba Duchamp, este gran artista del siglo xx que cambió la historia del arte. Todo eso está cambiando el estilo social y la identidad de la zona, con apoyo de los comerciantes. Cada año cortamos la calle, hacemos concursos de ajedrez, tango, performances, charlas. Es una fiesta”. 

“Este año lo hicimos en la Biblioteca del Congreso por el clima, pero estuvo bien porque es un lugar universal. Estos festejos los hacemos con los vecinos que se apropiaron de toda esta idea de hacer de la calle Alsina una calle diferente, la primera en ser un circuito turístico que homenajea a un artista francés”, añadió. 

Jorge “Chiqui” Pereyra junto a su hijo y su hermana administran el bar, iniciado por su padre en 1977 en un inmueble de la otra cuadra. A mediados de los años ochenta se instalaron en Alsina 1743. En diálogo con este medio contó que la “duchampmanía” inició casi de casualidad: “Hace muchos años vinieron unos franceses de un canal, me contaron que un artista de su país vivió acá, que era muy famoso. Yo no sabía nada así que me puse a investigar. Después vinieron unos estudiantes de Brasil, hicieron un evento con rayuelas en el piso, cruzaron líneas de tejido, colgaron fotos. También cayeron estudiantes alemanes con filmadoras antiguas. Vino el evento de Ivana, la UNTREF; se consolidó como lugar de homenaje a Duchamp”.

Jorge cuenta que en el marco de estos homenajes estuvieron en el bar la nieta de Duchamp y la hija de Canaro. En adelante desea que Argentina integre la agenda mundial de homenajes al artista francés, que se celebra el 2 de octubre en países donde vivió: Francia, Estados Unidos, Brasil.

Hay mucho de la historia oral a la hora de reconstruir la trayectoria de esta histórica cantina. Jorge cuenta que unos vecinos y habitúes de la vieja guardia le contaron que el sitio era un cabaret, administrado por una mujer francesa llamada Carmiña. En la parte baja de la puerta había un timbre: “Uno de los custodios lo tocaba cuando venía la policía para cortar la luz y evitar problemas”. A mediados de los ochenta llegó la familia Pereyra y acondicionó el lugar para hacerlo cantina. 

Aparte de estos memoriosos, el bar ya convoca público para todo tipo de polémicas. Cuenta Jorge: “El otro día vinieron fanáticos de Ada Falcón en una especie de desagravio histórico, porque ella fue una de las grandes voces del tango y estuvo enamorada de Canaro, quien estaba casado y nunca dejó a su mujer”. 

Sobre la transformación de este sitio en un reducto de bohemia y cultura, Jorge señala: “Nos pone muy contentos, viene gente de todos lados del mundo muy entusiasmada por estar en este lugar. A nosotros nos alegra y nos anima, queremos que sea un lugar especial, por Duchamp, por la cultural y por nuestro trabajo”.