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20 años del 2001: Acto de memoria y denuncia en la plaza Raúl González Tuñón

La tarde del domingo 19 de diciembre los miembros del Consejo Consultivo de la Comuna 3 (CCC3) hicieron un acto para recordar los 20 años del 19 y 20 de diciembre del 2001 con múltiples propuestas artísticas que terminó con una performance que dio pie a fuertes denuncias contra el GCBA y las autoridades de la comuna 3 por tapar el mural “Que se vayan todos” considerado parte importante de nuestra historia reciente.

En el acto se encontraron personalidades destacadas de la actividad cultural barrial como Anabella Valencia y Rubén Hernández Miranda, directores de los teatros El Popular y Luisa Vehil respectivamente, quienes leyeron en conjunto el poema de tres partes “La Libertad” y un fragmento de “Nuestra Rosa de América”, del prolífico escritor Raúl Gonzalez Tuñón.

Los ex integrantes de la Asamblea Barrial de Almagro-Balvanera (ABAB) estuvieron presentes para recordar el clima social de época cuando nacieron las deliberaciones barriales durante la crisis institucional de 2001-2003.

También acompañó el acto el muralista Emiliano Suarez, integrante del grupo “El Descuadre”, que a fines del 2002 realizó el mural y explicó, con una gigantografía a su lado, cómo se gestó “Que se vayan todos”, una obra pictórica que fue  borrada por el GCBA y suscitó un marcado descontento entre los presentes, quienes se asombraron por el desconocimiento y la falta de consulta de las autoridades de la Comuna 3.


El Festival fue autogestionado por los miembros “Intercomunal de Cultura CCC3”, Cecilia Layseca y Juanca Suarez, entre otros, quienes trajeron sillas, parlantes y material fotográfico histórico (por ejemplo, los materiales aportados por la expositora Catalina Artesi sobre los 31 talleres de la jornada sobre derechos humanos realizada en el colegio Mariano Acosta en noviembre del 2004. de  La ex rectora de dicha institución educativa,  Raquel Papalardo, dejó un mensaje de voz con su apreciación sobre la actividad, pensada desde una visión integradora de valores y DDHH.

 

En la entrada de Hipólito Yrigoyen los transeúntes se encontraron con afiches en las rejas perimetrales de la plaza donde podían ver parte de la historia de la ex asamblea y del mural, hoy tapado una capa de pintura blanca. Luego de varios oradores y lecturas de poemas de Alfredo Carlino, se brindó la posibilidad de pasar el micrófono entre los presentes para que opinen sobre sus sentires y añoranzas para el futuro. Desearon en voz alta más intervenciones en plazas por y para los vecinos, reivindicando a lo público como espacio de la cultura y encuentro para la memoria.

Una señora adulta mayor que se sentó a ver, con su bolsa de compras llena y sin saber de antemano de qué trataba el evento, compartió palabras de regocijo: “no sabía que iban a estar ustedes acá y me gustó mucho lo que hicieron. Gracias”.


ERAN UN LABORATORIO DE IDEAS

Uno de los vecinos que partició de la iniciativa dio su testimonio: “Las asambleas eran un laboratorio de ideas, aquel 2002 estuve desempleado casi todo el año, venía mucho con mi hijo a la plaza y vi que se reunía un grupo de gente a hablar de política.Me fui acercando de a poco y me terminé sumando. En la asamblea, todo lo que era posible de ser pensado, era soñado acá. Imaginábamos hacer el barrio de nuevo. Recuperar espacios bajo las vías, hacer instancias educativas no formales, inventar soluciones laborales. Afirmamos un intento de rescate cultural, este espacio de Balvanera es un lugar  bastante olvidado, ninguno de los vecinos sabe que vive en el barrio. Hicimos seis números de una revista y movidas culturales llamadas ‘Balvanera al Sudoeste’ que tuvieron mucha repercusión. La implosión del régimen neoliberal nos empujó a una acción que no habíamos anticipado: tomar la democracia en nuestras manos reinventando desde sus bases. Esperemos que el 19 y 20 de diciembre del 2001 no vuelva a ocurrir, viendo que aparecen políticos como Milei, que reivindica al ex ministro de Economía Domingo Cavallo”.

En la plaza González Tuñón se plasmó el mural “Que se vayan todos” en 2003. Su objetivo fue narrar el cacerolazo, momento donde las familias que ya no tenían con qué llenar sus ollas salieron, espontánea y masivamente, a protestar, haciéndolas sonar a golpes por el malestar económico, pero también de crisis de representación política con la emergencia deuna bandera que plasma lo que en esa época llenó a toda la Ciudad con un cántico eufórico, entre la alegría de saberse muchos y de enojo por el dolor: “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. En la pintura, la gente sale dentro de la olla, que, vacía por la crisis, explota en un pueblo que se organiza de abajo hacia arriba rompiendo las cadenas que les rodean.

(IZQ) Revista Hartos N°2. Enero de 2003: TAPA (Der) Libro Palomino, Héctor- Di Marco, Graciela (Compiladores). Reflexiones sobre los movimientos sociales en la Argentina. Jorge Baudino Ediciones. Bs. As. 2004.

 

 

Emiliano Suárez, uno de sus creadores, explica que la pintura se nutría de las manifestaciones populares de esa época, como el otro cántico “Piquete y cacerola, la lucha es una sola”. “Fue un hecho hermoso y colectivo, los vecinos querían ‘un cambio cultural’, lo que sucede con la gente es impagable. Luego de ponernos de acuerdo en que íbamos a pintar, vinimos a tapar todo de blanco con miedo de que nos escrachen. Luego fueron 3 días de un hecho colectivo, se consiguieron escaleras, los vecinos nos acompañaron todo el tiempo, cada uno dio una pincelada. La pintura se compró y otra tanda la donó una ferretería. Con mínimas herramientas dejamos una marca para decir algo. Dejamos nuestra huella de ese momento histórico de cómo los vecinos hicieron un hecho plástico colectivo y disruptivo en lo público. Rodolfo Walsh decía que los muros son la imprenta de los pueblos”.

 


Mientras los oradores se retiran del frente se hace un silencio, comienza una performance pero pocos lo advierten. Un montón de ruido como interferencia emerge del parlante. Con esfuerzo, en esa ‘suciedad’ se oyen voces que gritan las consignas “la lucha es una sola, piquete y cacerola…”. La plaza se vuelve un escenario donde entran dos mujeres tomadas de los brazos, con pañuelos blancos en sus cabezas. Se oyen unas cacerolas de fino aluminio golpeadas mientras entran más artistas, se unen en un círculo y hacen rondas, ahora son manifestantes. Ondea la bandera Argentina sujetada desde el cuello de una señora y todos se detienen menos la azul y blanca que flamea. Están recreando la imagen del mural ahora desaparecido. Sus cuerpos de carne y hueso, en un instante dialogan con el 19 y 20 de diciembre de 2001 pero también con el mural borrado. Un gran aplauso consagra el momento.

 


Paradójicamente un nuevo mural “por respeto a las personas mayores” tapó una obra colectiva donde no se respetaron a las personas mayores. Así lo advirtió Cecilia Layseca a este medio.

La comisión de Cultura del Consejo Consultivo de la Comuna 3 aseguró que la restauración del mural a su forma original es necesaria para corregir lo que un vecino llamó como “al menos un error malicioso”.

Está muy oscuro, cuando el acto termina las madres que tenían a sus niños en los juegos vuelve a su cotidiano. Sueltan las rejas galvanizadas y descansan sus cuellos. En un momento se había aludido al epitafio para la tumba de Adolfo Báez Bone: “Creyeron que te enterraban y lo que hacían era enterrar una semilla”. Creyeron que podían tapar una historia.