Victoria Moyano, nieta restituida, manifestó su alegría por la aparición de Guido Carlotto y afirmó que este caso deja en evidencia que la búsqueda “es una responsabilidad que las Abuelas nos dejan a los nietos, cuando es el mismo Estado que desapareció a nuestros padres el que tiene que devolvernos nuestra identidad y no lo hace”.
“La verdad que el día de ayer fue muy importante, de una emoción impresionante, como todos los días que aparece un hermano que tiene su identidad fraguada” advierte rápidamente Victoria Moyano nacida en el “Pozo de Banfield», donde sus padres estuvieron detenidos desaparecidos y entregada al hermano del Jefe de la Brigada de San Justo de la Policía Bonaerense donde vive hasta que cumple 8 años.
“Ayer cuando veía a las Abuelas, uno las ve tan viejitas, hace tanto que uno las ve luchando por encontrar la identidad de nosotros que la verdad que no hace más que emocionarnos a todos. A mí me invadía el pensar que apareció un hermano más y todavía nos quedan 400”.
“Guido tuvo que encontrarse a sí mismo”
“A Guido lo buscaron las Abuelas y los organismos de Derechos Humanos durante esta lucha incansable de todos estos años pero yo creo que también Guido se encontró a sí mismo, ya que él se animó a hacer la denuncia en Abuelas, a presentarse a la CONADI (Comisión Nacional por la Identidad), luego animarse a hacerse el examen de ADN y tener la suerte de que su muestra de sangre coincidiera con la muestra de su familia de origen, porque hay muchísimos otros que no están en el Banco de Datos Genéticos. Y yo lo que quiero destacar es que esta es una responsabilidad que nos dejan a nosotros, a los nietos, cuando es el mismo Estado, que es el que desapareció a nuestros padres, el que tiene que devolvernos nuestra identidad y no lo hace. No pueden dejar esa responsabilidad, porque Guido se animó pero hay muchísimos que no se animan”.
Un reclamo que sigue vigente
“Yo vengo denunciando hace muchísimos años que hay un problema importantísimo que es que ningún gobierno constitucional nos quiso dar los archivos de la dictadura, esos que los militares dicen que se quemaron, esos son archivos secretos, pero después están las nóminas que tiene el Estado de las distintas fuerzas que intervinieron en los hospitales, en las maternidades clandestinas, en centros clandestinos, que sabemos que son más de 600. Si nosotros pudiésemos acceder a esas nominas de las fuerzas que estuvieron entre 1976 y 1983 podríamos imputar a quienes hay que imputar y que nos den la información para poder encontrar de manera más expeditiva a los nietos. Acá está pasando al revés: nosotros tenemos que buscar, o las Abuelas tiene que buscar, tienen que probar y tienen que encontrar. Entonces la carga de la prueba viene hacia nosotros. Si ellos nos entregaran las nominas, probablemente ya hubieran aparecido muchísimos más hijos apropiados. La realidad es que las Abuelas se están muriendo de viejitas, y muchas se mueren sin saber el destino de sus nietos, entonces hay un mecanismo perverso. Nadie les ha querido dar estos listados. Entonces así no sabemos ni nosotros el destino de nuestros padres, ni ellas el destino de sus hijos y sus nietos”.
“Estela tiene un doble papel”, comenta Victoria, quien conoce a Estela Carlotto desde diciembre de 1987, cuando recupera su identidad fraguada luego de vivir apropiada con la familia de un importante jefe de la Bonaerense, “porque ella preside la institución de Abuelas y expresa su voluntad de que va a seguir buscando al resto de los nietos como lo han hecho todas las Abuelas, y por otro lado no deja de darle un mensaje a Guido, su nieto, de que lo están esperando y van a respetar sus tiempos. Después de tantos años de experiencia la verdad que es un proceso y hay que ser muy respetuoso de los tiempos de cada uno”.















