Para muchos, el Teatro no solo era un espacio de representación, sino un lugar donde se cultivaba el arte, la emoción y el sentido de pertenencia. En una conversación con Rubén Hernández Miranda, director del teatro, nos adentramos en los desafíos, el legado y los próximos pasos de esta institución cultural.
«Te estoy hablando de 4.000 espectadores», comienza Rubén, al recordar los momentos de esplendor del teatro. «Lo impresionante es que la gente tenía ganas de distraerse, de salir del problema en el que estábamos, de la situación que se vivía. Las producciones que tuvimos trajeron público interesado, no solo por el arte, sino también por la necesidad de escapar de las dificultades cotidianas». El valor accesible de las entradas permitía a quienes no podían acceder a otros teatros de la ciudad, disfrutar de una oferta cultural cercana a su hogar.
El Teatro Luisa Vehil, situado en el corazón de Balvanera, no era solo un lugar de entretenimiento, sino un centro cultural con una acústica única. «En Luisa no necesitábamos micrófonos para las obras, aún con música en vivo. La acústica perfecta de la sala permitía que todo se escuchara de forma clara, lo cual es difícil de lograr en la construcción de nuevos espacios», señala Rubén, lamentando la pérdida de este tesoro arquitectónico.
El Teatro, con su estructura pensada específicamente para la teatralidad, representaba un refugio cultural en una zona que, según el director, «estaba desprotegida» y carecía de espacios verdes. Además, destacaba por su accesibilidad, dado que se encontraba en una zona con alto tránsito y fácil llegada por diversos medios de transporte. La comunidad había encontrado en ese teatro un lugar para disfrutar de la cultura sin las dificultades de trasladarse a zonas más distantes.
A pesar de los esfuerzos para salvarlo, Rubén admite que no se logró reunir el dinero necesario para adquirir el edificio. «La situación es especial. A pesar de que hubo colaboración, no fue suficiente. Hubiera sido maravilloso que todos los que podían aportar lo hubieran hecho, pero entendemos que la crisis afectó a todos», explica con una mezcla de tristeza y resignación. La pandemia, que afectó profundamente al sector cultural, también dejó su marca en el teatro, que luchó por mantenerse a flote durante esos difíciles momentos.
El director también menciona el profundo afecto que sentían por el lugar y la relación especial que muchos vecinos habían forjado con el Teatro. «La gente salía de las funciones diciendo ‘qué hermosa sala, qué lindo ambiente’. Eso es lo que más duele: perder un lugar que se había convertido en un hogar cultural», reflexiona Rubén. En estos momentos, el teatro busca un nuevo espacio en Balvanera, aunque las circunstancias podrían llevar a que se ubique en otro barrio. «Queremos quedarnos en el barrio, pero los tiempos apremian y tenemos que seguir funcionando», asegura.
A pesar de su cierre, el grupo no se detiene. «El teatro no son solo las paredes», recuerda Rubén, citando a uno de sus maestros. «Lo importante son las personas que lo habitan, los artistas, los alumnos, el público. Por eso, seguimos adelante con la planificación de las obras para 2025. Estamos buscando un espacio donde podamos seguir enseñando, ensayando y presentando nuestras producciones». La pasión por el teatro y la enseñanza sigue viva, y el equipo tiene la intención de continuar con los talleres y seminarios que siempre ofrecieron, como el próximo seminario sobre teatro argentino clásico.
Lo que más destaca Rubén es el legado de Luisa Vehil, una artista, actriz, mujer empoderada que, a través de su esfuerzo, fundó un teatro que hoy sigue siendo referente de la cultura porteña. «Ella construyó un monumento a su pasión por el teatro. Nosotros, como herederos de ese legado, tenemos la responsabilidad de preservarlo y seguir adelante», afirma. Aunque el futuro del espacio físico aún es incierto, el espíritu del Teatro Luisa Vehil sigue vivo en quienes lo hicieron suyo.
La historia del Teatro Luisa Vehil no termina con el cierre de sus puertas. Su legado, construido con esfuerzo y dedicación, continúa en las futuras generaciones de artistas, en los nuevos proyectos y en la comunidad que aún recuerda con cariño los momentos vividos en sus salas. Mientras Rubén y su equipo buscan un nuevo hogar para continuar con su labor, queda claro que, como él mismo dice, «el teatro no es solo el espacio, sino las personas que lo hacen posible».














