La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó un proyecto para conmemorar el legado de Julio Cortázar con la colocación de una placa en el sitio que albergó La Guarida, un espacio cultural fundado por el escritor en 1934. La placa estará ubicada en Rivadavia 3130 y rendirá homenaje a su fundador con la leyenda:
«En homenaje a Julio Cortázar, alumno de la escuela Mariano Acosta y Fundador del Espacio Cultural La Guarida. Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 20 de septiembre de 1934 – 20 de septiembre de 2024.»
Cortazar, con apenas 20 años, aún estudiante avanzado del Profesorado de Letras en la Escuela Mariano Acosta, escuela donde se recibio de Maestro Normal Nacional 1932, ya demostraba inquietudes culturales que marcarían su carrera literaria.
El origen de La Guarida
La noche del 20 al 21 de septiembre de 1934, Cortázar y sus amigos, entre ellos Eduardo Jonquiere y Jorge D. Urbano Viau, inauguraron en un sótano de la calle Rivadavia 3130 un espacio cultural llamado La Guarida. Este lugar fue un refugio para estudiantes, docentes y amantes del arte que buscaban un espacio para debatir sobre literatura, música y filosofía.
Entre las actividades destacadas de La Guarida, se menciona un ciclo de charlas sobre el poeta alemán Rainer María Rilke, coordinado por el filósofo Vicente Fatone, y conferencias sobre el arte moderno dictadas por el propio Cortázar, quien, además, dirigió la revista Addenda, escrita por estudiantes del Mariano Acosta.
Un semillero de ideas y creatividad
La Guarida fue mucho más que un centro cultural: representó un espacio para cuestionar las modas y discursos predominantes de la época. Allí se exploraron temas como el psicoanálisis de Sigmund Freud, nuevas corrientes artísticas y las tendencias de la música moderna, incluyendo el jazz, que acompañó a Cortázar toda su vida.
Este período de formación fue crucial para Cortázar, no solo por las relaciones que estableció, sino también por el desarrollo de su pensamiento crítico y su estilo literario. La Guarida marcó los primeros pasos de un joven que luego se convertiría en una figura central de la literatura latinoamericana.
Reconocimiento al legado cultural
La colocación de esta placa no solo resalta la historia de Cortázar, sino también el valor de los espacios culturales en la formación de las grandes mentes. La Guarida es un testimonio del impacto que estos lugares tienen en la creatividad y la producción artística de una comunidad.
Este homenaje invita a redescubrir las raíces de Cortázar en Buenos Aires, una ciudad que lo vio crecer y que, hoy, celebra su contribución al mundo de las letras y las ideas.













