Proponen declarar patrimonio cultural de la Ciudad de Buenos Aires a los antiguos buzones colorados para cartas ubicados en las esquinas porteñas.
El diputado de la Ciudad de Buenos Aires Juan Nosiglia presentó un proyecto de ley con el objetivo de garantizar la preservación, salvaguarda, protección, restauración, promoción, acrecentamiento y transmisión a las generaciones futuras del Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que significan los buzones.
Los primeros buzones llegaron a Buenos Aires en 1858 y estaban instalados en comercios, generalmente en farmacias, para que estuvieran siempre vigilados y porque allí se vendían las estampillas. Un empleado a caballo se encargaba de retirar las cartas, todos los días, puntualmente, a las 14 horas.
Fue Gervasio Antonio de Posadas, nieto del primer Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata y segundo funcionario a cargo de la Dirección General de Correos, Postas y Caminos, quien en 1858 colocó los primeros seis buzones en Buenos Aires: eran de madera y estaban ubicados en las plazas Lorea, Miserere, Montserrat (que hoy no existe), Del Parque (actual Lavalle), Del Temple (actual Suipacha) y Paseo de Julio (actual avenida Leandro N. Alem). Más tarde fueron reemplazados por modelos metálicos.
En el año 1874 fue nombrado director general Eduardo Olivera, quien ejerció el cargo hasta 1880 y perfeccionó lo que hizo Posadas. Aumentó el número de buzones y carteros, impulsó una ley y un reglamento nuevo, y el 7 de abril de 1876 fusionó la Dirección de Correos con la de Telégrafos.
A fines del siglo XIX comenzaron a fabricarse en nuestro país, con el característico “sombrerito” de estilo inglés y pintados de rojo. En 1892 se instalaron los primeros y queridos buzones cilíndricos de hierro fundido, y en 1909 se colocaron buzones móviles en los tranvías.
Hoy, como en otras ciudades argentinas, en Córdoba los viejos buzones de correo están en vías de extinción. Apenas quedan dos, de forma cilíndrica en el interior de esa provincia quedan tres: dos en Villa María y el restante en San Francisco.
En Julio de 2016, el Concejo Deliberante de Rosario los declaró “Patrimonio Histórico de la Ciudad”, todo a raíz del estado público que tomó el robo de uno de estos buzones en 2015 y el júbilo que mostraron los rosarinos al verlo recuperado y nuevamente restituido en su emplazamiento original.
Los Buzones porteños son un símbolo de Buenos Aires de antaño, que continuamente llama a nuestros niños a preguntar sobre ellos, su uso, su relación con las cartas y estampillas, que casi ya no se utilizan; son sin duda, expresiones del tiempo, inalterables muestras de nuestra historia y de formas de expresión que son parte de nuestra herencia cultural.














