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Farmacia Azul: un vínculo humano con 70 años de historia

La tienda pasó de la quiebra a ser un local emblemático y muy concurrido por los vecinos de la Comuna 3. Juan Ignacio, quien hoy está a cargo del establecimiento, compartió los valores del comercio con Abran Paso. Por Ximena González y Martín Bustamante.
Los esenciales de la pandemia. La farmacia Azul fue uno de los locales fundamentales en el peor momento de la crisis sanitaria. Foto. Martín Bustamante

La tienda pasó de la quiebra a ser un local emblemático y muy concurrido por los vecinos de la Comuna 3. Juan Ignacio, quien hoy está a cargo del establecimiento, compartió los valores del comercio con Abran Paso. Por Ximena González y Martín Bustamante.

Farmacia Azul está ubicada en la Avenida Entre Ríos 299 y abrió sus puertas por primera vez en 1951. Unos siete u ocho años después, la compró el abuelo de Juan Ignacio junto a dos compañeros de la facultad. Los tres socios ya habían adquirido otros dos comercios, en Pompeya y en Barracas, y se rotaban cada dos años para administrar cada una. Sin embargo, el abuelo del actual administrador se enfermó joven y decidió separarse de sus colegas: vendió su parte de los otros sitios y se quedó con el de Balvanera.

Juan Ignacio es la tercera generación que dirige el negocio. Cuando falleció su abuelo, se quedó su abuela, luego sus tíos y desde el 2004 está él. “Siempre tuve olor a remedio, mi novia me decía eso. Antes el local era mucho más chiquito. Teníamos el sótano, la planta baja y el primer piso con dos laboratorios, uno de homeopatía y otro de alopatía. Me acuerdo que era divertido venir a visitar a mi abuela, esto era un parque de diversiones para mí porque siempre había gente y subía y bajaba las escaleras corriendo”, reveló.

Sin embargo, estudió administración hotelera y su sueño de la adolescencia era terminar la carrera y subirse a un crucero para recorrer el mundo por algunos años. Hasta que en su camino se cruzó su actual esposa y sus planes cambiaron. Entonces, comenzó a ir a trabajar a la farmacia mientras estudiaba, y con el tiempo el rubro le fue gustando. “Como en un hotel acá también se hace mucho servicio, que es lo más lindo que tiene el comercio en general creo, el trato con las personas”, expresó.

Ese trato fue muy importante durante la pandemia, cuando el farmacéutico debió estar al pie del cañón: “La gente no tenía receta, ni medicación, ni plata, así que realmente nos pusimos muchas cosas al hombro este último año y medio. Después, se fue acomodando con el correr de los meses, pero al principio estaban las obras sociales, las oficinas de atención al público y los consultorios médicos cerrados, y nosotros no cerramos nunca. Estábamos ahí, dando la cara y ayudando en todo lo que se pudiera”, relató Juan Ignacio.

Eso es lo que distingue a Farmacia Azul en la zona, su relación con los clientes. Al respecto, sostuvo: “El trabajo que hacemos lo hacemos de corazón. Y en general vienen muchos vecinos que nos eligen por nuestra capacidad, por nuestros precios y por la calidad humana de los chicos que atienden siempre de la mejor manera posible. Creo que somos un comercio de referencia del barrio de Congreso. Además, todos los años invertimos parte de las ganancias en poner lindo el lugar, y por supuesto en el stock, que es un punto fuerte nuestro, que tenemos mucha mercadería y de todas las marcas, salvo genéricos que no vendemos. La verdad es que no recomiendo los genéricos, no los tomo y no los vendo por eso. Y ojo que son mucho mejor negocio porque los márgenes entre la compra y la venta son muchísimo mayores, pero la verdad es que no todo es plata y nos gusta que los compradores vuelvan y nos agradezcan cuando algo que uno le recomienda les hizo bien”.

No obstante, en 70 años el negocio fue cambiando, aunque siempre manteniendo sus valores. Según contó el administrador, antes las farmacias no trabajaban con obras sociales ni había tantos medicamentos preparados, sino que era el mismo farmacéutico el que los hacía. También apareció la computadora, que vino a agilizar el despacho de la creciente cantidad de fármacos y lo que tal vez produjo más modificaciones en la industria: la llegada de Farmacity al país.

“Apareció en la década de los 90 y cambió un poco el sistema de venta. Todos tuvimos que ponernos a tener locales más lindos porque a la gente le gustaba estéticamente algo más cuidado. Nos hizo bien en ese sentido, creo que ahí ganó el cliente. Acá pusieron uno a 100 metros pero no nos mermó la venta. El farmacéutico es una persona importante para la comunidad donde está, porque es de confianza. Muchas veces la persona no puede ir al médico y termina preguntándole al boticario qué le puede dar para un problema que tiene. Una linda vestimenta o cara no tiene nada que hacer al lado de la confianza que le tienen a uno”, aseguró.

Por otro lado, con respecto al congelamiento de precios, Juan Ignacio se mostró de acuerdo y opinó que se podían mantener los montos actuales por un periodo de tiempo para colaborar con los usuarios en un contexto de mucha inflación. Además, señaló que los laboratorios venían incrementando los valores de los productos todos los meses, pero que éstos acompañaban las mediciones del INDEC. En este punto, desmintió los discursos de algunos medios que sostuvieron que los remedios aumentaron un 8.000%. 

Sin embargo, subrayó que entiende que la acumulación de esos acrecentamientos en los costos hace que la situación sea más complicada para los ciudadanos. Asimismo, enfatizó: “La gente muchas veces se enoja con el empleado que le dice el importe, que queda como el malo de la película que le saca plata. Pero ellos no tienen nada que ver, no les queda nada de eso. En las farmacias el margen es muy chico”.

Y concluyó: “Creo que tampoco se le puede pedir a los laboratorios que en un país donde no hay ninguna variable que esté tranquila, ellos congelen los precios por demasiado tiempo, porque además tienen insumos importados. Realmente la producción de los laboratorios nacionales es muy buena, es de las pocas industrias que nosotros también exportamos. Y todo eso se hace con tecnología de punta. Las plantas nacionales no tienen nada que envidiarle a las internacionales, pero sus costos son en dólares”.