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La Pompeya: El sur de Italia en una panadería de San Cristóbal

El tradicional comercio de la Comuna 3 fue declarado de interés cultural por la Legislatura de la Ciudad en junio de este año. En diálogo con este medio, su actual dueño contó un poco de su historia, su identidad y cómo sobrevivieron a la pandemia. Por Ximena González y Martín Bustamante
En pleno trabajo. Massimo Maresca acomoda la producción para exhibirla al público. Foto. Italiani.it

El tradicional comercio de la Comuna 3 fue declarado de interés cultural por la Legislatura de la Ciudad en junio de este año. En diálogo con este medio, su actual dueño contó un poco de su historia, su identidad y cómo sobrevivieron a la pandemia. Por Ximena González y Martín Bustamante

Sobre Avenida Independencia 1912, casi Combate de los Pozos, se levanta la panadería La Pompeya. Con un edificio pequeño y de estilo clásico, fue fundada en 1920 por los De Riso, siete hermanos de Salerno, al sur de Italia. Pasaron muchos años de esa fecha, pero dentro de ese espacio de San Cristóbal es como si el tiempo se detuviese y, a pesar de las reformas necesarias que debieron hacer, todavía hay un aire familiar y se pueden encontrar las delicias clásicas del país europeo.

Massimo Maresca, actual dueño del negocio, le relató a Abran Paso que llegó a Argentina con su mamá en 1979 y era ella quien lo mandaba a comprar al local. “Antiguamente el paisano adquiría cosas italianas, esa era la costumbre nuestra. Y me mandaban a mi a comprar. Después mi mamá se hizo amiga de ellos y en los 90 ingresé a trabajar acá. Pasaron los años, dos quiebras en el medio -una fue en el año 2000 y la otra en el 2013-, y hoy estoy al frente desde hace 10 años”, comentó.

Si bien los tiempos, las tradiciones y los gustos cambiaron, algunas cosas se mantienen. Ese es el caso de Massimo y su compañera, Gabriela Mansilla, quienes mantienen buena parte de las preparaciones originales: los cannoli, pasticciotti, chiacchiere, biscottini, sfogliatella, pignolata y el pan. “Al principio solo se realizaban tres tipos de productos típicos. Nosotros fuimos intentando mejorar en algunas cosas y agregar otros alimentos, sin variar tanto. También tenemos pasta seca, embutidos, longaniza, limoncello. Pero son cosas que vendemos acá hace más de 30 años. Acá la gente viene y ya sabe lo que se va a llevar”, aseguró Maresca.

Tal como lo vieron los diputados porteños cuando la declararon de interés cultural, la panadería tiene historia e identidad del sur de Italia en todas sus paredes, desde banderines del Nápoli y un cuadro del Topo Gigio, hasta una pintura del pueblo Sorrento. “Exhibimos la propia historia. Acá viene mucha gente de Calabria, Nápoles y Sicilia. En una época venían un montón de ucranianos y españoles, por el tipo de pan. A nuestro pan de salvado ellos le agregan una bebida y hacen un licor característico de ellos. Pero además, se fue agregando más gente de la zona. Nuestra clientela es muy abierta, vienen de Merlo, San Justo, Mar del Plata, Córdoba. Vida italiana hay por todos lados y siempre vuelven. Porque antes no existía nada, ni Facebook, ni Instagram, era el boca a boca, el pan allá y la longaniza allá. Era así, dónde conocía el paisano, iban”, destacó.

Y agregó: “Hoy en día hay otras costumbres y nosotros tratamos de mantener algo de esa época. Algunos vienen acá y se ponen a llorar. Hay gente que viene, no sé, hace como 70 años, como Vicente, que era amigo de la casa y murió a los 93. El que migró siguió con la cultura de allá”.

Con respecto a la pandemia, Massimo agradeció haber podido seguir trabajando a pesar de las dificultades. Tuvieron que agregar un servicio de delivery y reducir los turnos de los empleados para rotarlos, pero tratando de no tardar mucho en atender a los clientes. “Nos afectó porque nosotros teníamos público que venía de lejos a comprar acá. Tuvimos que aggiornarnos. Y empezamos a trabajar con el barrio. Bajamos un poco las ventas de los productos típicos y aumentamos más lo que fue pan, facturas y pizza, cosas más argentinas”, afirmó.

Si bien se crió con un “paladar italiano”, en medio de festividades en donde preparaban pastas y pescados en lugar de asado, y mantiene contacto con su país natal, se siente muy agusto en San Cristóbal, donde se crió desde sus 9 años. Solo se mudó una vez, cuando se casó, pero al mismo barrio. “Acá tenes de todo, me gusta San Cristóbal. Estoy cómodo porque ya conozco el ambiente y la gente de toda mi vida, casi 40 años”, enfatizó.