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Ningún cuento chino

En los próximos días arribará a nuestro país una delegación de empresarios y funcionarios chinos encabezada por su presidente Xi Jinping. Desde Abran Paso, consultamos a Rubén Laufer, profesor de Historia Económica de la UBA e investigador de las relaciones de argentino-chinas para analizar las implicancias de esta visita y de la relación “estratégica” que desde hace una década nuestro país mantiene con el gigante asiático.

“La visita del presidente chino es una muy buena noticia para Argentina” afirmó el legislador porteño Jorge Taiana (Telam 08-07-14) hace unos días, refiriéndose al paso que tendrá de Xi Jinping por el país, en el marco de su gira por países latinoamericanos. Rubén Laufer,sin embargo, no parece compartir el entusiasmo. “La visita de Xi Jinping, más que el inicio de una relación es la coronación de un proceso que tiene más de una década, que tuvo uno de sus puntos más importantes en el 2004 con la firma entre Néstor Kirchner y Hu Hun Tao de la alianza estratégica y que ahora pega otro salto cualitativo. No por casualidad el presidente viene acompañado de 200 empresarios con la intención de firmar acuerdos de petróleo, finanzas, energía atómica, infraestructura. Acuerdos que en total suman alrededor de 18 mil millones de dólares” explica Laufer y advierte que lo más significativo es que los acuerdos más importantes van encaminados a ser préstamos. “Uno de 5000 millones para la construcción por empresas chinas de dos represas hidroeléctricas en Santa Cruz (llamadas Néstor Kirchner y Cepernic respectivamente, y ambas financiadas por el Banco ICBC) y otra para remodelar  el tren Belgrano Cargas”.  Es importante tener en cuenta que este tren recorre 18 provincias y llega al Pacífico, clave para la producción sojera y su salida a Asia. “Son 1500 kilómetros de vías, más de 1000 vagones y la construcción de otros 2000 vagones que se construirán acá pero con materiales chinos” aclara Laufer.

¿Un deja vu de las relaciones con Gran Bretaña en el siglo XIX? Laufer da una pauta contundente a la hora de ver qué tipo de relaciones se van tejiendo con esta nueva potencia mundial. “Estos acuerdos no conllevan desarrollos de industrias  nacionales, ni transferencia de tecnología. Lo que Implican es incorporación de tecnología china, grandes compras de material ferroviario chino como ya se hizo para el ramal San Martín, el Sarmiento y el Mitre y grandes volúmenes de financiamiento chino y, por ende, de endeudamiento. Entonces se invierten sumas enormes no en la reconstrucción de la histórica industria ferroviaria nacional sino en importaciones.  Esto no es otra cosa que la contracara de la fuerte dependencia argentina del mercado chino para las exportaciones argentinas de soja y aceite de soja. Las clases dirigentes argentinas van adaptando toda la infraestructura productiva del país  a las prioridades de china y a sus socios internos: los terratenientes, los pooles de siembra y las grandes aceiteras, en primer lugar”.

Una política de Estado

Los datos que aporta Laufer son contundentes. “China es el segundo socio comercial de Argentina después del Mercosur; es el tercer inversor en Argentina, luego de Estados Unidos y España; tiene posiciones estratégicas en los granos, luego de la compra de Nidera y Noble, que tiene puerto propio en Santa Fe; tiene una presencia poderosa en el petróleo y en un año se convirtió en la segunda petrolera de Argentina, solo superado por YPF y  tiene presencia en la minería de hierro con la adquisición de Sierra Grande. En bancos poses el HSBC y el ICBC y también está el aspecto financiero.

En este marco, Laufer marca un punto de inflexión en la relación bilateral. “Acá ya no se trata solo de relaciones comerciales sino que a partir de éstas, ahora estamos hablando de la presencia interna de intereses estatales y privados de China en el aparato económico y de su correlativa influencia en el aparato político, estatal. Sin dudas, como afirmó la propia presidenta, la asociación con China se ha convertido en una política de Estado”.