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Protección para un teatro que tiene historia

El arquitecto de Patrimonio de la Ciudad visitó el Teatro Luisa Vehil con el objetivo de avanzar con un proyecto de ley que establece su protección histórica.

El ingeniero Vila, primer constructor del teatro, participó de la reunión y contó como se construyó el espacio teatral.

Corría el año 1977 y el joven ingeniero civil recién recibido, Manuel Vila, se encontraba presentando unos planos en la Municipalidad de la Ciudad. Se acercó una señora y le preguntó:

-¿Usted es profesional?

-Si. Respondió.

-Miré, yo quiero construir un teatro y quiero presentar los planos correspondientes.

Comenzaron a conversar. Ella tenía la intención de hacer un teatro y una sala de ensayo en el mismo lugar; para eso necesitaba vender dos propiedades, el departamento donde vivía y otra más.

La señora se llamaba Luisa D´amico y eligió el nombre de Luisa Vehil para el teatro. La mujer y el joven ingeniero prepararon los planos y los presentaron. Simultáneamente, ella contrató a un grupo de albañiles que, según Vila, eran un desastre.

“Hizo un esfuerzo muy grande. Prácticamente todo su patrimonio lo volcó acá”, rememora. Luisa recibió una colaboración importante de su ex marido. El hombre trabajaba en una empresa de construcciones y le mandaba periódicamente lo que necesitaban.

D´amico quería construir una habitación en el fondo para vivir con su madre, que estaba en un delicado estado de salud. “Llegamos hasta donde a Luisa le dio la capacidad económica para hacerlo. Yo, prácticamente, no le cobré honorarios porque veía el esfuerzo que estaba haciendo”, aclara el ingeniero Vila.

El teatro se fue construyendo en etapas. “Tuve que estar presente de forma permanente en la parte de hormigón porque un día que no vine tiraron ladrillos en una de las columnas”, recuerda.

Como curiosidad histórica comenta que, en la zona “había un arrollo que cruzaba y se utilizaba la calle Hipólito Yrigoyen como segunda vía. Era la alternativa de la Av. Rivadavia cuando el arroyo crecía”. Cuando hicieron las excavaciones para las bases atravesaron dos niveles de piso distinto, y cuando llegaron al nivel de fundación, encontraron todo tapizado de herraduras. Cuando corroboraron ese hallazgo, con documentación, descubrieron que correspondía a los corrales de Miserere.