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Se desarrolló una jornada de construcción colaborativa de medidores de CO2 para escuelas

El sábado 2 de octubre, casi 20 colegios se encontraron en el patio del Mariano Acosta para construir contadores de dióxido de carbono, con la instrucción de docentes del establecimiento de Balvanera. Por Ximena González y Martín Bustamante.

El sábado 2 de octubre, casi 20 colegios se encontraron en el patio del Mariano Acosta para construir contadores de dióxido de carbono, con la instrucción de docentes del establecimiento de Balvanera. Por Ximena González y Martín Bustamante.

A principio de este año, integrantes de la cooperadora de la Escuela Normal Superior n°2 “Mariano Acosta” comenzaron a preguntarse cómo asegurarse una vuelta a la presencialidad cuidada. Así llegaron a la información que publicaba el físico Jorge Aliaga acerca de cómo construir medidores de CO2 caseros. Luego de un largo proceso para conseguir los elementos necesarios y la coordinación con otros espacios educativos, organizaron una jornada de construcción colaborativa, para que sean cada vez más las instituciones con su propio contador.

“La única herramienta que había a la vista y lo único que podía darnos un poco de tranquilidad era medir la circulación de aire, entendiendo que el contagio de COVID era por aerosoles. Comenzamos a difundir información sobre esto en una red integrada por cooperadoras. Hicimos una pequeña comisión y a partir de allí comenzamos a gestionar para hacer una compra conjunta de los componentes que necesitábamos, porque el problema es que no tenemos mucha plata. Además fue necesario conseguir una empresa que nos hiciera la importación -que luego fue Electrónica Elemon-, porque hay toda una legalidad necesaria en los movimientos de dinero. No es que queríamos construirlos porque era un proyecto pedagógico interesante sino porque no podíamos comprarlos hechos. Entonces apuntábamos a que al menos haya un dispositivo por instituto”, le explicó Luz Pearson, integrante de la cooperadora del Mariano Acosta.

Mientras eso sucedía, la red le envió una solicitada al Gobierno porteño para pedir la distribución e inclusión en el protocolo de presencialidad de medidores de dióxido de carbono, con adhesiones de comisiones directivas de cooperadoras escolares y firmas de integrantes de la comunidad educativa. Luego hicieron una carta con el mismo pedido, firmada por legisladores de la Ciudad y científicos reconocidos en su campo. Ninguno de los escritos obtuvo respuesta.

“No solo teníamos la angustia que todos atravesamos en esta pandemia, sino que tampoco teníamos ayuda. No estábamos pidiendo mucho. Nosotros logramos importar kits de componentes a 8.100 pesos. El GCBA lo que hizo a principio de año fue instalar filtros de aire en aulas que no podían habilitarse porque no tenían ventanas o ventilaban el interior. Eso sale 5 mil dólares cada filtro y obviamente no se pudo instalar en muchos lugares, porque hay aulas con ventanas. El presupuesto fue totalmente desmedido, con el 10% del presupuesto de esos aparatos, podían entregar un artefacto en cada escuela. De hecho podrían haber hecho las dos cosas porque es insignificante el monto, o sea, no hubo decisión política de hacerlo, ni de escucharnos”, expuso Luz.

Y agregó: “Entonces nos pusimos manos a la obra y de hecho eso fue revertir el garrón porque empezamos a armar algo que generó cosas muy buenas. Llegamos un poco tarde a lo que fue el pico, porque lleva mucho tiempo gestionar algo tan grande como esto. Pero bueno, estamos listos para la próxima”. Con esa mentalidad es que organizaron el encuentro del sábado, al que asistieron 18 instituciones. En esa fecha construyeron contadores de CO2 en modalidad de prototipado pedagógico (construcción con cables), lo que permitió evaluar la correcta funcionalidad del sensor NDIR y los demás componentes, con la guía de diversos profesores y la asistencia de un equipo técnico conformado por estudiantes del profesorado IES Mariano Acosta de educación tecnológica, y del Profesorado de Enseñanza Primaria ENS Mariano Acosta.

También calibraron los dispositivos con el control de un medidor homologado y desarrollaron un taller de construcción con soldadura. Toda la jornada se grabó para realizar tutoriales, de manera que toda escuela que quiera construirlos tenga las guías y ayudas necesarias. “Los que construyen los aparatos son básicamente madres y padres de los colegios, porque somos los voluntarios de las cooperadoras. Además en algunos casos convocaron a docentes que por ahí sabían algo. Entramos a las 10, empezamos con todo el proceso de elaboración y a la una se fueron con los artefactos armados con cajita, con tornillos, cerrada y controlado con un medidor homologado por la bióloga Natalia Rubinstein, así que hoy ya podrían estar midiendo en sus establecimientos”, destacó Pearson.

Por otro lado, con respecto a la falta de respuestas por parte de la Ciudad, manifestó: “Cuando se volvió a esta presencialidad sin distancia, era algo muy conflictivo porque el distanciamiento es necesario y los medidores ponían eso en relieve. Ahora la campaña de vacunación nos trajo mucho alivio y están vacunando a los niños, entonces estamos en un momento más apacible. Pero podríamos estar preparándonos para lo que pueda ocurrir en un futuro. Sería interesantísimo que un gobierno pudiera escuchar a su comunidad”.

A eso le sumó la poca información que hubo de casos como los de la ORT, donde hubo una gran cantidad de contagiados, aunque resaltó que en el Acosta, debido a que tiene espacios grandes, ventilados y se respetaron los protocolos, hubo pocos confirmados y también hubo escasos aislamientos para cursos completos, que se producen cuando hay un positivo o un caso sospechoso.