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Un delicado problema de convivencia

En la última reunión de Comisarías Cercanas, habitantes de la Comuna 3 plantearon su preocupación ante la cantidad de personas en situación de calle y hechos violentos que ocurren sobre la calle Larrea. Posibles soluciones desde un enfoque que contemple las problemáticas de todas las partes. Por Ximena González.

El programa Comisarías Cercanas tiene el objetivo de impulsar la participación ciudadana a través de encuentros entre vecinos, oficiales y funcionarios del Gobierno de la Ciudad, para que los ciudadanos tengan un espacio donde acercar sus reclamos y sugerencias relacionados a la temática seguridad. En el último encuentro virtual de la Comuna 3, una de las problemáticas presentadas fue la de una “ranchada” sobre Larrea en donde, según denuncian, hay gente drogándose, que acosa a los transeúntes y hasta amenazan a quienes viven en esa vereda.

“Esa calle, desde su intersección con Bartolomé Mitre y hasta Avenida Rivadavia, se ha convertido en un antro de ilegalidad. En Larrea 63 se ha ubicado una serie de colchones apilados, en los cuales se acuesta y duerme una persona, a veces dos y a veces tres. Tienen sexo, hacen sus necesidades en la vía pública, están alcoholizados y drogándose abajo de ese colchón, cosa que ya he denunciado al 911 en forma reiterada. Nunca han levantado el colchón para ver lo que hay ahí abajo. También vienen los limpiavidrios, a alcoholizarse ahí y luego se van a la esquina a hostigar a los vehículos que se van deteniendo en el semáforo. Uno se pone adelante y los otros tres o cuatro atacan literalmente al vehículo. Buscan cualquier ventanilla baja para introducir pañuelos de papel y si no les dan el dinero que ellos pretenden, patean o golpean el auto”, manifestó uno de los asistentes al encuentro que tomó la palabra.

También explicó que de unos 30 llamados a la policía, los oficiales se habrán acercado a la zona unas 12 veces, y que empiezan a llamar a las 6 de la mañana y terminan a las 12 de la noche. “Ni siquiera podemos mantener las ventanas o nuestros balcones abiertos porque los gritos que vienen de abajo nos tornan la vida invivible. Y llamar a la policía 30 veces no me parece que sea lo lógico. Si los oficiales los conocen perfectamente, saben de qué se trata, cuál es el modus operandi. Los desalojan y cuando se van, automáticamente vuelven a aparecer”, expresó, a la vez que advirtió que ”no es gente en situación de calle, son personas que vienen a la mañana, se instalan y quieren ‘hacer su trabajo’ como ellos le dicen, que en realidad es acosar automovilistas”.

La siguiente oradora, por su parte, apuntó que las declaraciones del vecino la hicieron notar que son varios los que atraviesan la misma dificultad y que sienten el mismo desamparo. “Vivir en Once se ha vuelto un suplicio. La calidad de vida ha bajado mucho y nos da mucha tristeza. Tengo una experiencia similar con el Comisario Rosa que la que contó el señor. Adrián Rosa tomó sus funciones con muy buenas intenciones y nos dio un número para que podamos llamar e inmediatamente tener respuesta. Eso duró unas semanas hasta que empezó a ignorar nuestros llamados. Ya directamente no sabemos con quién comunicarnos porque la fiscalía no atiende. Es permanente, te cortan la llamada y no dan curso. Y si lo haces por mail, no te llega una respuesta nunca”, aseveró.

Asimismo, reafirmó que ya es cotidiano ver un “polo de delincuencia” sobre esa traza, donde hay que cerrar las ventanas por los gritos y las peleas. Y hasta denunció que algunos vecinos recibieron amenazas de que los iban a “hacer boleta”. Al respecto, enfatizó: “Nos tienen junados. Están instalados en Larrea 63. Ya estamos saliendo con miedo del edificio porque ellos conocen mejor que cualquiera nuestros movimientos. Hay un hombre que directamente puso el departamento en venta. Pero la mayoría no tenemos ni siquiera esa chance. No tenemos opción de mudarnos a otro barrio por toda la situación inmobiliaria y el COVID. Mire cuánto estamos atrapados, impotentes. Y estamos viviendo mal. Nuestra angustia es permanente”.

Adrián Rosa de la 3A, cuando le llegó el turno para contestar los reclamos, explicó que si bien no tienen un protocolo establecido de cómo hacer con los colchones y la gente que está en la vía pública, porque eso no es delito, van a intentar establecer un plan con la Subsecretaría Higiene Urbana para intentar correrlos.

“Si lavamos las veredas con la policía acompañando a los trabajadores (porque suelen ser agredidos), les hacemos mojar y lavar todo, a veces los colchones se humedecen y los dejan tirados, y el mismo camión de Higiene Urbana logra levantarlos. Es el procedimiento que tenemos para tratar de darle una solución a este tema. Que no corresponde pero es lo que se hace”, comentó. Silvia Collin, presidenta de la Junta Comunal 3 la describió como “una estrategia para molestar”, a la vez que agregó que es “el recurso que se tiene disponible para poder lograr limpiar o facilitar que no se ocupen determinados espacios”.

Las autoridades de la Ciudad también tienen la responsabilidad de atender las necesidades de las personas que viven en situación de calle y sus posibles consecuencias, pero este enfoque no estuvo presente en las respuestas que brindaron los funcionarios.