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Un ruido en la convivencia

La utilización de sonido en volumen alto fue uno de las denuncias más recurrentes en el último encuentro de Comisarías Cercanas de la Comuna 3. Por Martín Bustamante

El comunero Carlos D’angelo prefirió hacer una presentación rápida y precisa. En menos de un minuto avisó que reemplazaría a la presidenta de la Junta Comunal Silvia Collin e introdujo al inspector Adrián Ochoa, al jefe de la División Operaciones de la Comisaría vecinal 3B, Roque Araoz y al juntista Miguel Varela.

Los reclamos por ruidos molestos se configuran en figurita repetida cada vez que se realiza una reunión de esta naturaleza. Cansados de no encontrar instancias de mediación comunitaria, vecinas y vecinos de la Comuna 3 recurren a estas instancias con la ilusión de encontrar alguna respuesta a su reclamo.

El reclamo parece muy sencillo y se reduce a una palabra: tranquilidad. Las personas necesitan descansar por la noche, conciliar el sueño para trabajar al día siguiente. Un agente con capacidad de mediar permitiría llegar a un acuerdo entre las partes para solucionar el problema, pero las cosas parecen ser más complejas y todo desemboca en el reiterativo problema de la seguridad.

“Yo vivo en México esquina Pichincha”, cuenta una vecina y sigue, “tengo tres denuncias hechas. “En la primera, del año pasado en el mes de septiembre, se presentaron desde el Ministerio Público Fiscal levantaron un acta y los intimaron porque no es una parrilla, es un local nocturno donde entran y salen mujeres de noche”.

El tema más grave que se ha venido produciendo en todo este tiempo hasta el día de hoy es que, además de poner la música hasta las 8 de la mañana, todos los días se matan en la esquina con peleas”, agrega.

“En la calle Perón no sabemos cuál es el permiso que tienen, pero funciona como boliche, como after y hay tranzas vendedores de drogas, consumidores, un festival en la vereda cuando salen y cuando entran. Hacen un barullo tremendo para toda la cuadra, pero además es un desmadre lo que pasa en la vereda, en los alrededores”, agrega otro vecino.

También apuntan contra el Centro Cultural JJ: “funciona como discoteca, hay dos millones de denuncias. Es invivible, hay gente enferma, tomando medicación, hay gente que se fue y regaló el departamento y hay gente que vive atormentada”.

Los funcionarios presentes no dieron respuestas a estas demandas. Las clausuras de lugares por ruidos molestos están a cargo de la Agencia Gubernamental de Control y, en última instancia, de la justicia. Pero más allá de estas instituciones, las alternativas punitivas siempre aparecen a la orden del día porque son las más simples, pero nunca solucionan los problemas.

No se trata de perseguir ni de sancionar, la Comuna 3 necesita un Estado presente para, en primer lugar, atender las urgencias sociales que son el origen de todos los problemas que se plantean a menudo en estos encuentros.

Al mismo tiempo, requiere de presupuesto para incrementar el personal dedicado a instancias de mediación. Los conflictos de convivencia no se solucionan con palos ni con el código penal, eso nunca funcionó. Diálogo, tolerancia, convivencia, oportunidades, salud y educación son palabras claves en esta historia, pero parece que se borraron en el libreto del Poder Ejecutivo.