Fernando Bercovich cuenta que llegó a Viena -capital de Austria- “con expectativas altas”. Esta no es una frase de turista, es la mirada de quien estudia las ciudades y sus problemas habitacionales; interesado por ver en terreno lo que está funcionando en una ciudad donde la vivienda es asequible para su población. Y lo que vio en la capital austríaca le dejó pistas que podrían resonar para nuestros barrios.
La vivienda en Viena – ciudad con políticas activas de vivienda pública, alquileres regulados y planes urbanos que priorizan el acceso – le mostró un contrapunto al escenario que vivimos en barrios porteños como Balvanera, Almagro o San Cristóbal, donde la presión inmobiliaria, los alquileres crecientes y la falta de control urbano son rutina diaria.
Una mirada desde Viena
Según escribió Bercovich en X (antes Twitter):
“Llegué a Viena con expectativas altas. Lógico para cualquier persona que estudia las ciudades y sus problemas habitacionales.” (X (formerly Twitter))
Esa frase sintetiza la tensión entre lo que se espera de una ciudad y lo que en realidad se vive. En Viena, ese contraste se expresa con barrios bien integrados, edificios bien mantenidos, transportes públicos de calidad y una visión urbana que prioriza la vivienda como derecho social.
¿Qué puede aprender nuestro barrio?
En Balvanera, donde la vivienda compartida, los alquileres cortos, la diversidad poblacional y la alta densidad son parte del paisaje, algunas de las políticas que funcionan en Viena pueden inspirar cambios.
Por ejemplo: viviendas protegidas, regulaciones de alquiler más fuertes, participación vecinal en los desarrollos inmobiliarios, incentivos a la vivienda colectiva y control del mercado informativo.
En Bercovich encontró un espejo: una ciudad que busca que la vivienda no sea solo una mercancía, sino una estructura social. Para los vecinos porteños, la pregunta es clara: ¿cómo, desde nuestras Comunas, podemos promover mecanismos que favorezcan el acceso a la vivienda digna y eviten la expulsión vecinal?
Hacia una agenda barrial de vivienda
A partir de esa experiencia internacional, se abren algunas líneas de trabajo para las Comunas, los centros vecinales y los concejos barriales:
- Crear mesas de diálogo sobre alquileres: convocar a inquilinos, propietarios, cooperativas y organizaciones del barrio para debatir condiciones locales.
- Impulsar acompañamiento a los vecinos para entender contratos, derechos y posibilidades de mediación en alquileres de la zona.
- Exigir al Gobierno porteño que modifique instrumentos de control de sobreprecios, trasformaciones inmobiliarias y accesibilidad.
- Fomentar viviendas cooperativas y proyectos de autogestión en micro-barrios, como alternativa al modelo dominante.
Un barrio con memoria, con futuro
La visita de Bercovich a Viena es mucho más que un “viaje de estudio”: es una invitación a pensar la vivienda como eje de vida urbana, no solo como negocio. En nuestras veredas de Balvanera hay cinco, diez, quince personas que buscan techo seguro; padres, jóvenes profesionales, inmigrantes, vecinos de toda la vida.
Que la vivienda sea digna, asequible y estable no es solo una demanda global: es una necesidad local. Lo que funcionó en Viena puede adaptarse en Ba, si los vecinos se lo proponen.
Mientras Bercovich constata y estudia el modelo de vivienda social de Viena, la ciudad porteña sigue girando entre ofertas de alquileres cortos, propietarios ausentes y promesas de vivienda social que avanzan lento. Pero la experiencia europea muestra que otro modelo es posible.
La pregunta queda abierta: ¿nos animamos a construir barrios para vivir, no solo para invertir?














