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Tensión en la Casa Blanca: la interna entre el ala MAGA y los neoconservadores tras la escalada con Irán

El analista Gabriel Merino analiza las tensiones dentro del oficialismo republicano tras la escalada militar en Medio Oriente y advierte sobre el impacto político, económico y estratégico que puede tener el conflicto en la administración estadounidense. Por Martín Bustamante.

La reciente escalada de Estados Unidos en Medio Oriente volvió a exponer una fractura que atraviesa al oficialismo republicano: la disputa entre el ala nacionalista y aislacionista vinculada al movimiento MAGA y el sector neoconservador del establishment tradicional. Para el analista e investigador Gabriel Merino, profesor de la Universidad Nacional de La Plata y del CONICET, el giro en política exterior representa un golpe directo a una de las principales promesas electorales de Donald Trump: evitar nuevas guerras en el extranjero.

“Para la base MAGA esto es tremendamente negativo. Se rompe una de las principales promesas de campaña: la idea de terminar con las guerras interminables y reducir las intervenciones en el exterior”, explicó Merino en diálogo con este medio.

La fractura interna: MAGA vs. neoconservadores

Según el especialista, la expresión más visible del malestar dentro del universo trumpista es el conductor y referente conservador Tucker Carlson, quien en las últimas semanas endureció su discurso contra la política exterior de la Casa Blanca. Incluso llegó a sugerir que Washington actúa subordinado a intereses israelíes, una afirmación que Merino matiza.

“Más que subordinación, lo que hay es una interna fuerte. Existe un sector del Partido Republicano que desde 2001 sostiene una estrategia clara: garantizar la supremacía militar en Medio Oriente, apoyar la idea de un ‘Gran Israel’ sin rivales regionales y controlar una zona clave para el petróleo y la logística global”, señaló.

Ese enfoque, asociado históricamente a los neoconservadores que ganaron peso tras los atentados del 11 de septiembre, buscó consolidar un orden unipolar bajo liderazgo estadounidense. Para Merino, aunque Trump no sea un neocon clásico, hoy parece inclinarse hacia esa línea o, al menos, permitir que ese sector gane la batalla interna.

El antecedente del acuerdo nuclear

El analista recordó que uno de los puntos de inflexión fue la salida unilateral de Washington del acuerdo nuclear con Irán en 2018, firmado junto a Rusia, China, Francia, Alemania y el Reino Unido. Aquella decisión —adoptada durante el primer mandato de Trump— reactivó la guerra económica contra Teherán y derivó en una escalada que incluyó el asesinato del general iraní Qasem Soleimani en Irak.

“Eso ya marcaba una contradicción con la retórica aislacionista. La idea de ‘America First’ implicaba priorizar la competencia económica, los aranceles y la presión comercial. Pero en la práctica se mantuvo una fuerte impronta militar”, explicó.

Hoy, el nuevo ciclo de ataques —que según Merino convierte a Irán en el séptimo país alcanzado directamente por acciones militares estadounidenses— vuelve a tensionar esa promesa.

¿Cambio de método o continuidad estratégica?

A diferencia de las invasiones y ocupaciones de Afganistán e Irak impulsadas por el gobierno de George W. Bush, la actual estrategia se basa en ataques puntuales y operaciones quirúrgicas. Sin embargo, Merino advierte que el cambio es más metodológico que conceptual.

“Los propios neoconservadores aprendieron del costo político y militar de aquellas ocupaciones. Hoy el método es distinto, pero la premisa de sostener la supremacía militar y el orden unipolar sigue presente”, afirmó.

En esa lógica, Trump incorpora además una mirada empresarial. “Piensa en términos de costos y beneficios. Pero esos cálculos dependen de diagnósticos. Si el conflicto se prolonga y suben los precios del petróleo y del gas, el impacto inflacionario puede volverse un problema serio en el frente interno”, advirtió.

El riesgo electoral

Para Merino, el factor tiempo será determinante. “Si esto no se resuelve rápido, puede ser el principio del debilitamiento del trumpismo. Ya venía con dificultades y un escenario inflacionario podría afectar seriamente la performance del Partido Republicano en las elecciones de medio término”, analizó.

El argumento oficial sostiene que la Casa Blanca intentó primero un camino diplomático. Sin embargo, el especialista cuestiona esa narrativa y recuerda que incluso funcionarios estadounidenses habían señalado avances en las negociaciones con Irán poco antes de los ataques.

La respuesta iraní y la dimensión regional

Uno de los puntos más sensibles es la capacidad de respuesta de Teherán. Merino destacó que Irán logró impactar activos militares estadounidenses en la región y atacar instalaciones estratégicas, como el comando de la Quinta Flota en Baréin.

“Ha demostrado capacidad para afectar bases y radares, y para proyectar una guerra regional. Eso modifica el escenario”, explicó. Además, subrayó que la reacción no fue homogénea en el mundo árabe y que existen tensiones entre países aliados de Washington, como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.

En este contexto, también observa un fortalecimiento de la cooperación entre Irán, China y Rusia, aunque sin intervención militar directa. “El unilateralismo puede convertirse en un boomerang. Las sanciones y la presión económica aceleran procesos como la búsqueda de alternativas al sistema dólar y nuevas alianzas estratégicas”, indicó.

¿Un America First con más guerra?

La gran contradicción, según Merino, es que la doctrina America First se definía por evitar conflictos prolongados. “Esto es un America First con más guerra. Una combinación entre el nacionalismo económico y el guerrerismo tradicional del establishment”, sintetizó.

La incógnita es si el electorado que apoyó a Trump por su promesa de no involucrar a Estados Unidos en nuevas guerras aceptará este giro. En una coyuntura marcada por la inflación y la incertidumbre global, la política exterior vuelve a convertirse en un factor central de la disputa interna y del futuro político del oficialismo republicano.