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Perros y gatos en la Ciudad: Proponen que puedan ingresar a comercios, oficinas públicas y hospitales

El diputado porteño Emmanuel Ferrario propone un régimen de acceso responsable para perros y gatos en espacios públicos, comercios, locales gastronómicos y establecimientos de salud. Por Marcos Bolivar.
Perros y gatos Ciudad de Buenos Aires

El proyecto de ley busca establecer un régimen de acceso y permanencia de animales de compañía en distintos espacios públicos y privados de la Ciudad, con reglas de convivencia, higiene y seguridad. También contempla visitas de perros y gatos a personas internadas.

Los perros y gatos forman parte cada vez más de la vida cotidiana de las familias porteñas. A partir de esa realidad, el diputado de la Ciudad de Buenos Aires Emmanuel Ferrario presentó un proyecto de ley para establecer reglas que permitan el ingreso y la permanencia de animales de compañía en edificios públicos, comercios, locales gastronómicos, establecimientos de servicios y centros de salud.

La iniciativa propone que la admisión sea la regla general, aunque establece excepciones cuando existan razones objetivas vinculadas con la seguridad, la higiene, las condiciones sanitarias o el funcionamiento de cada lugar.

Un régimen de acceso responsable

El proyecto establece una serie de condiciones para que perros y gatos puedan ingresar a los establecimientos alcanzados por la futura norma. Los animales deberían permanecer con correa, pretal o dentro de una transportadora adecuada, contar con la vacunación antirrábica y documentación sanitaria vigente y estar permanentemente bajo la supervisión de una persona responsable.

Además, no deberían presentar comportamientos agresivos, generar riesgos para otras personas o animales ni obstaculizar zonas de circulación, evacuación o acceso.

La persona a cargo también tendría la obligación de evitar molestias o situaciones de riesgo, cumplir las indicaciones del establecimiento y responder por eventuales daños que el animal pudiera ocasionar.

El proyecto aclara, además, que estas disposiciones no pueden utilizarse para limitar los derechos de las personas que necesitan estar acompañadas por perros de asistencia.

Oficinas públicas: el ingreso sería la regla

Uno de los cambios propuestos alcanza a los edificios y centros de atención del Gobierno de la Ciudad.

La iniciativa plantea permitir el ingreso y permanencia de perros y gatos en dependencias públicas siempre que se cumplan las condiciones generales establecidas.

Entre los espacios alcanzados aparecen las sedes comunales, oficinas administrativas, comisarías de la Policía de la Ciudad, Centros Integrales de Servicios, centros de salud y otras dependencias de atención ciudadana.

Sin embargo, habría sectores donde el acceso podría restringirse. El proyecto contempla áreas de atención médica, espacios que requieren condiciones de asepsia o control de infecciones, lugares destinados a elaborar o manipular alimentos y aquellos en los que exista un riesgo concreto acreditado.

La restricción, según la propuesta, debería limitarse al sector afectado. Es decir, la existencia de un área donde no puedan ingresar animales no permitiría necesariamente prohibir su presencia en todo el edificio cuando existan sectores compatibles con ella.

Comercios y restaurantes: si hay una prohibición, debería estar informada

El proyecto también establece que comercios, locales gastronómicos y establecimientos de servicios con acceso al público deberían admitir perros y gatos cuando se cumplan las condiciones previstas.

Los responsables de los establecimientos podrían establecer restricciones cuando exista una causa objetiva relacionada con la seguridad, las características de los bienes o servicios, condiciones sanitarias especiales, problemas de circulación o higiene u otras cuestiones vinculadas con el funcionamiento del lugar.

Pero esas restricciones deberían ser razonables, proporcionales y estar informadas mediante cartelería visible desde el exterior.

Un punto particular de la propuesta es que, si no existe esa señalización, se consideraría que el establecimiento admite el ingreso de perros y gatos.

El proyecto también permite que el responsable de un local solicite el retiro del animal si incumple las condiciones previstas, tiene un comportamiento agresivo, provoca daños, perturba significativamente el funcionamiento o genera un riesgo concreto.

Las cocinas, depósitos y espacios destinados a elaborar, almacenar o manipular alimentos quedarían expresamente excluidos.

Una novedad para hospitales: visitas de mascotas a pacientes internados

Uno de los aspectos más particulares de la iniciativa está relacionado con los establecimientos de salud públicos y privados.

El proyecto reconoce el derecho de una persona internada a solicitar la visita de un perro o gato con el que mantenga un vínculo afectivo, siempre que se cumpla un protocolo sanitario.

La propuesta plantea prestar especial consideración a internaciones prolongadas, pacientes pediátricos, personas atravesando tratamientos oncológicos o enfermedades crónicas, cuidados paliativos y situaciones de final de vida. También contempla los casos en los que el equipo tratante considere que la visita puede contribuir al bienestar emocional del paciente.

La visita no sería automática. Requeriría la solicitud de la persona internada —o de un familiar, representante o allegado cuando no pudiera realizarla—, la conformidad del equipo médico, la intervención del área de control de infecciones o de la autoridad sanitaria y la acreditación de las condiciones sanitarias del animal.

También debería acordarse previamente el día, horario, duración y lugar de la visita.

Durante el encuentro, el animal tendría que permanecer sujeto o dentro de una transportadora, bajo supervisión y sin circular por otras áreas del establecimiento.

Protocolos y capacitación

La iniciativa establece que el Poder Ejecutivo debería determinar la autoridad de aplicación, que tendría entre sus funciones elaborar protocolos y criterios técnicos, diseñar cartelería, brindar asistencia a los establecimientos, recibir reclamos y promover capacitaciones para el personal.

El proyecto también incorpora sanciones al Régimen de Faltas porteño para quienes impidan o restrinjan sin una causa objetiva y fundada el ingreso o permanencia de perros y gatos en los establecimientos alcanzados.

Las multas propuestas van de 500 a 3.000 unidades fijas. En el caso de impedir o restringir el ingreso de perros de asistencia, la sanción prevista sería de 1.000 a 5.000 unidades fijas.

Si la ley fuera aprobada, el Ejecutivo tendría 120 días para reglamentarla y los establecimientos contarían con otros 180 días para adecuar sus protocolos, cartelería y procedimientos.

La propuesta y la idea de una “familia multiespecie”

En los fundamentos, Ferrario plantea que la iniciativa parte de una realidad cotidiana: una gran cantidad de personas vive con animales de compañía y los incorpora a sus rutinas, traslados y actividades.

El proyecto sostiene que esa realidad debería ser contemplada por las normas que regulan el acceso a espacios públicos y privados. En lugar de establecer prohibiciones generales, propone un sistema basado en reglas de convivencia, responsabilidad y restricciones justificadas.

Los fundamentos también mencionan el concepto de “familias multiespecie” y distintos antecedentes judiciales de Argentina y otros países latinoamericanos en los que se reconoció la relevancia jurídica del vínculo entre las personas y sus animales de compañía.

El planteo no implica, según el texto, eliminar las restricciones. La idea es que una prohibición general no sea la única respuesta cuando la presencia del animal pueda organizarse de manera segura.

Una discusión sobre cómo convivir en la Ciudad

La propuesta de Ferrario abre una discusión que atraviesa situaciones cada vez más habituales: qué lugar ocupan los animales de compañía en una ciudad donde comparten cada vez más espacios con las personas.

El proyecto busca establecer un criterio común para situaciones que hoy pueden quedar sujetas a las decisiones particulares de cada establecimiento. La regla general sería permitir el acceso, mientras que las restricciones deberían estar justificadas por razones concretas de seguridad, higiene, sanidad o funcionamiento.

En el caso de los hospitales, además, incorpora una dimensión diferente: la posibilidad de que el vínculo con un animal de compañía forme parte del acompañamiento de una persona durante una internación, bajo protocolos que permitan compatibilizar ese vínculo con las condiciones sanitarias.

En definitiva, la iniciativa propone pasar de la prohibición como regla a un modelo de acceso responsable, con obligaciones tanto para quienes concurren con sus animales como para los establecimientos que reciben al público.