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Agroecología urbana: Carlos Briganti propone transformar terrenos abandonados de Buenos Aires en espacios de producción de alimentos

El reciclador urbano y referente de la agroecología urbana, Carlos Briganti, plantea una transformación profunda de la Ciudad de Buenos Aires: convertir terrenos ociosos, terrazas y espacios subutilizados en lugares de producción de alimentos saludables, compostaje y construcción comunitaria. Su propuesta busca repensar el modelo urbano desde la educación ambiental y la participación ciudadana. Por Martín Bustamante.
Carlos Briganti, el Reciclador Urbano

En una ciudad donde el cemento parece ganar terreno año tras año, la agroecología urbana aparece como una alternativa para recuperar espacios verdes, producir alimentos saludables y fortalecer el vínculo de los vecinos con su entorno. Esa es la propuesta que impulsa Carlos Briganti, reciclador urbano y referente del proyecto La Margarita, quien sostiene que Buenos Aires cuenta con cientos de lugares capaces de convertirse en huertas comunitarias y sistemas de compostaje.

Durante una entrevista con Abran Paso, Briganti explicó que el principal desafío no es técnico, sino cultural: «Primero hay que abrir los cementos, pero sobre todo hay que abrir las cabezas», resumió.

Una ciudad que también puede producir alimentos

Para Briganti, la agroecología urbana no consiste únicamente en cultivar verduras dentro de la ciudad. Se trata de modificar la forma de entender el espacio público y privado, incorporando la producción de alimentos como parte de la planificación urbana.

«Nosotros proponemos producir alimento sano y de calidad dentro de las urbanidades», explicó.

Según señaló, Buenos Aires posee numerosos terrenos abandonados o sin uso que podrían destinarse temporalmente a huertas comunitarias mientras no tengan otro destino.

Entre los ejemplos mencionó:

  • predios ferroviarios;
  • terrenos baldíos;
  • lotes donde obras quedaron paralizadas durante años;
  • sectores linderos a autopistas;
  • espacios ociosos distribuidos en distintos barrios de la ciudad.

La idea, explicó, es utilizar esos lugares para producir alimentos hasta que vuelvan a tener un uso definitivo.

«Cuando ese terreno ya esté listo para construir, simplemente nos trasladamos a otro espacio», planteó.

La Escuela de Agroecología Urbana

Uno de los proyectos centrales impulsados por Briganti es La Margarita, una escuela dedicada exclusivamente a la formación en agroecología urbana.

Según afirmó, se trata de una experiencia pionera en América Latina que busca formar ciudadanos con otra mirada sobre el ambiente.

«La escuela nace para abrir cabezas», explicó.

Los cursos están orientados tanto a personas interesadas en comenzar una huerta como a quienes desean aprender compostaje, reciclado y producción sustentable en espacios reducidos.

El objetivo, sostuvo, es demostrar que no se necesitan grandes extensiones de tierra ni inversiones importantes para producir alimentos.

«Con muy poca tierra, un tacho reciclado y algo de organización ya se puede empezar», aseguró.

Terrazas verdes en lugar de terrazas vacías

Uno de los planteos más novedosos de Briganti apunta a los edificios.

Mientras muchas construcciones modernas destinan sus terrazas a piscinas, gimnasios o salones de usos múltiples, él propone incorporar:

  • huertas;
  • árboles frutales;
  • canteros;
  • sistemas de compostaje.

Según explicó, uno de los argumentos más frecuentes contra estas iniciativas es el peso que tendrían sobre las estructuras.

Sin embargo, considera que esa objeción no se sostiene.

«Todo el mundo acepta una pileta en una terraza, que pesa muchísimo más, pero cuando se habla de un limonero aparece el miedo al peso», cuestionó.

A su entender, el verdadero obstáculo no es la ingeniería sino la falta de una planificación diferente.

Compostaje en edificios: una experiencia piloto

Briganti contó que actualmente desarrollan una prueba piloto en un edificio ubicado sobre la avenida Ramón Falcón.

Allí instalaron un sistema de compostaje comunitario utilizando tambores reciclados de 200 litros.

Según explicó, un único recipiente puede recibir los residuos orgánicos de aproximadamente tres familias.

El sistema incorpora aireación semanal y material seco para garantizar un correcto proceso de descomposición sin generar malos olores.

«La experiencia funciona perfectamente», afirmó.

No obstante, reconoció que aún persisten muchos prejuicios.

«La gente le tiene miedo a los insectos, a los olores y a la basura, cuando en realidad un compost bien manejado no genera esos problemas.»

Educación ambiental desde la infancia

Para Briganti, la transformación debe comenzar mucho antes.

Considera que la educación ambiental debería incorporarse desde los primeros años de escolaridad.

«Hay que enseñarles a los chicos a trabajar la tierra, a cuidar los árboles y a producir alimentos sin venenos.»

En ese sentido, sostuvo que la formación ambiental no puede depender exclusivamente del voluntariado.

También reclamó una política pública nacional que impulse el compostaje domiciliario.

«Debería existir una ley que obligue a compostar en todo el país.»

Una crítica al modelo urbano actual

Durante la entrevista, Briganti también cuestionó el modelo de desarrollo urbano dominante.

Recordó que décadas atrás era habitual encontrar en las casas porteñas árboles frutales, gallineros y pequeñas huertas familiares, una práctica que fue desapareciendo con el crecimiento del cemento y la expansión de los grandes supermercados.

«No estamos inventando nada. Nuestros abuelos ya producían alimentos en sus casas», recordó.

A su juicio, recuperar esas prácticas permitiría reducir residuos, fortalecer la economía doméstica y mejorar la calidad ambiental de las ciudades.

Repensar Buenos Aires desde el verde

Más allá de las huertas, Briganti propone un cambio integral en la manera de diseñar la ciudad.

Plantea incorporar criterios de producción de alimentos en nuevos edificios, generar más espacios comunitarios de compostaje y recuperar terrenos vacíos para usos ambientales temporales.

También señaló la necesidad de involucrar a universidades, arquitectos, organismos públicos y vecinos en una planificación urbana diferente.

«Tenemos que rediseñar muchas cosas. Es posible producir alimentos en la ciudad; lo que falta es decisión política y educación», concluyó.

La propuesta de la agroecología urbana abre un debate que trasciende la producción de verduras. Invita a discutir cómo aprovechar mejor el suelo disponible, reducir la generación de residuos orgánicos y construir ciudades más resilientes frente a los desafíos ambientales. En una Buenos Aires donde cada metro cuadrado libre suele convertirse en una oportunidad inmobiliaria, Briganti plantea mirar esos mismos espacios como una posibilidad para producir alimentos, fortalecer la comunidad y recuperar el vínculo entre la naturaleza y la vida cotidiana.