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Calzados: tres décadas de historia y resistencia en avenida Entre Ríos

Las botas que decoran la vidriera de Calzados Baccarat no solo muestran las últimas tendencias del invierno porteño: también reflejan una historia de trabajo, familia y perseverancia que lleva más de tres décadas en el corazón del barrio de Balvanera. Fundada en 1987 por Luis Almazare, la zapatería ubicada en avenida Entre Ríos 594 es hoy un emblema de la tradición comercial barrial, donde la atención personalizada y la búsqueda de calidad siguen siendo valores irrenunciables.

Luis, un hombre que dedicó toda su vida al rubro del calzado, comenzó su camino en distintas fábricas hasta que, con apenas 25 años, decidió abrir su propio taller. Allí empezó a fabricar zapatos en baja escala, apostando por materiales nobles y mano de obra artesanal. Con el tiempo, su emprendimiento creció y lo llevó a abrir su primer local de venta al público. Era la década del ochenta, un momento difícil para la economía nacional, pero lleno de oportunidades para quienes se animaban a emprender con esfuerzo y convicción.

“Mi viejo se cansó de los ritmos de la fábrica y quiso tener su propio comercio. Baccarat nació de esa necesidad de hacer las cosas a su manera”, recuerda Matías Almazare, hijo de Luis y actual encargado del negocio. Desde entonces, Baccarat se convirtió en una referencia obligada en el barrio. La clientela fiel, que se transmite de generación en generación, reconoce en la marca una mezcla de buena calidad y precios accesibles, una fórmula que se mantiene intacta desde los primeros días.

Con el paso del tiempo, el local atravesó distintas etapas que acompañaron los vaivenes del país. “Vivimos momentos de mucha venta, pero también atravesamos crisis muy duras, como la del 2001”, relata Matías. “Sobrevivimos con bastantes raspones. Llegamos a tener cuatro locales y pasamos a quedarnos con uno. Hasta el 2003 fue todo bastante caótico, una situación muy compleja. Después vino un tiempo de recuperación económica, y el local acompañó ese proceso”.

Esa resiliencia, casi artesanal, se volvió parte del ADN del negocio. En 2007, Luis decidió dar un paso al costado y dejar la conducción en manos de Matías, quien ya trabajaba en la zapatería en el área de cobranzas. El traspaso generacional implicó nuevos desafíos, pero también la oportunidad de actualizar la propuesta comercial sin perder la esencia familiar.

“Lo que cambió con el paso de mando fue, sobre todo, el tipo de mercadería”, explica Matías. “El público empezó a pedir cosas nuevas, distintos modelos, materiales más livianos, colores diferentes. Pero la zapatería Baccarat siempre se caracterizó por ofrecer calzado de muy buena calidad, cómodo, práctico y adaptable a distintos momentos de la vida, sin dejar de ser accesible. Esa es nuestra identidad, lo que queremos transmitir.”

En un contexto económico desafiante, donde las PyMEs enfrentan dificultades para sostener ventas y costos, Matías no pierde la esperanza. “Si bien la crisis es profunda y la demanda está quebrada, los que llevamos adelante pequeños comercios siempre tenemos que tener un poco de optimismo”, dice entre risas, reflejando la mezcla de realismo y espíritu emprendedor que caracteriza al comerciante de barrio.

La actualidad de Baccarat se mueve entre la búsqueda de innovación y la fidelidad a su historia. La zapatería se esfuerza por ofrecer productos duraderos, con diseños que puedan acompañar distintos estilos de vida. En un país donde la inflación golpea el bolsillo, mantener precios justos sin sacrificar calidad se vuelve una tarea diaria. “Hoy es más difícil que la gente piense en comprarse unos zapatos o zapatillas que salgan cinco o seis mil pesos. Por eso tratamos de innovar en materiales y diseños, para ofrecer un producto con buena vida útil, sin que se vuelva inaccesible”, explica Matías.

El local, que mantiene su estética clásica y su trato cercano, sigue siendo un punto de encuentro para los vecinos de la zona. Muchos clientes entran no solo a probarse un par de zapatos, sino a conversar, recordar épocas pasadas o simplemente saludar. En tiempos donde las grandes cadenas y las compras online ganan terreno, Baccarat Calzados resiste con el poder de la confianza y la cercanía.

A lo largo de más de treinta años, esta zapatería de Monserrat logró construir una historia que combina tradición, familia y pasión por el oficio. En sus estanterías, los pares de zapatos, zapatillas y botas no son solo productos: son el resultado de una forma de trabajo que entiende que el comercio también puede ser un espacio de vínculo humano. Y en cada cliente que vuelve, en cada historia compartida entre vendedor y vecino, se renueva el espíritu con el que Luis Almazare abrió su local en 1987: ofrecer calzado de calidad, hecho con dedicación y pensado para durar.

Baccarat Calzados, mucho más que una zapatería, es un pedazo vivo de la memoria comercial de Monserrat, un testimonio de que, aún en tiempos difíciles, el esfuerzo y la identidad barrial siguen marcando el paso.