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Comienza el ciclo de tango San Cristóbal, un barrio inolvidable

Si bien el título alude al lanzamiento de un ciclo de tango en el barrio, les ofrecemos a lxs lectores un breve recorrido por la historia del tango en nuestras calles y el principal motivo del nombre del ciclo de marras. Por Adrián Dubinsky

Sin intención de embarullar lo que debería ser una sencilla gacetilla de prensa, siempre me parece mejor aprovechar la volada para historiar un poco sobre nuestro querido barrio.

Por nuestras veredas se viven aires reivindicativos, de justicia poética, de improntas culturales que se retroalimentan. A partir de la Ordenanza N° 23.698 (11 de junio de 1968), que establecieron los límites de todos los barrios de la capital, San Cristóbal se vio recortado por todos lados y perdió gran parte de su extensión original quedando reducido a solo 144 manzanas y conformándose como uno de los barrios más pequeños de la ciudad.

Al respecto, Jorge Larroca escribía: “Parque de los Patricios, Puente Alsina y Boedo por el sur y por el oeste; Constitución por el lado de Entre Ríos y hasta Congreso (o Balvanera) por el de independencia, son nombres que fueron ‘avanzando´ sobre San Cristóbal, el barrio que las generaciones actuales desconocen, el barrio olvidado…” (1).

Desde aquel momento, San Cristóbal comenzó a pensarse como un barrio olvidado, y muchos de sus habitantes, con gran culpa de las inmobiliarias, comenzaron a decir que vivían en Boedo o en Once o en Balvanera o en Parque Patricios, cuando en realidad vivían en una de las 144 manzanas que quedaban en pie, como un relicto de aquella parroquia fundada el 28 de junio de 1869. 

Dicho lo anterior, es posible entender el libro de Jorge Larroca como una herramienta reivindicativa, como un ejercicio de memoria para que la misma no se apague. El legado es inmenso y nos ha permitido conocer de primera mano los testimonios de la/os habitantes más viejos del barrio, aquella/os nacida/os a fines del siglo XIX y que Larroca pudo entrevistar. 

Entre los múltiples ocultamientos, olvidos y negligencias podemos citar algunos de orden catastral y otros de carácter cultural o simbólico. Algunas de estas injusticias para con el barrio son paradojales: un ejemplo claro de ello es que el Mercado San Cristóbal, fundado en 1882 y el más viejo que queda en la Ciudad, no queda en San Cristóbal sino en Montserrat, en la esquina noreste de Independencia y Entre Ríos.

Otra de las paradojas, una extirpación de carácter identitario devenido de un acomodamiento catastral sin tener en cuenta la raigambre y la identidad barrial, fue el recorte del ex arsenal de guerra Esteban de Luca, actual parque Vuelta de Obligado.

En el escudo del barrio de San Cristóbal, creado a instancias del Dr. Febbraro -inventor del día del amigo y habitante del barrio- y la confección heráldica a cargo del maestro Pericles F. Puente -del barrio de San Telmo-, se divisa en la parte superior una alusión al Arsenal Esteban de Luca; es decir, que en el escudo del barrio hay una imagen de un espacio que ya no está dentro del barrio.

El tango en la identidad de San Cristóbal

Acaso el olvido de índole cultural que más debemos rescatar de la amnesia, es el que tiene que ver con la prosapia tanguera de nuestro barrio

Cuando se habla de tango, el imaginario popular lo imagina naciendo en las orillas, en los márgenes, y así, se lo relaciona fácilmente a San Telmo, La Boca, el antiguo Palermo, el Abasto -con su figura emblemática y mito trascendental-, Almagro, Pompeya, etc.

Sin embargo, el barrio de San Cristóbal no le va a la zaga a ninguno de ellos y cuenta entre sus habitantes de fines del S. XIX y principios del XX a algunos de los más representativos creadores de tangos.

Según el poeta Miguel A. Camino, citado por Larroca, decía que el tango “nació en los Corrales viejos/allá por el año 80”. Vale recordar una vez más y sin temor a ser redundantes, que en aquellos días de la década del 80 del S. XIX, los Corrales eran territorio sancristobaleño.

Para cuando Larroca escribió su libro, a excepción de “José S. Tallón, José Portogallo y Julián Centeya” (Larroca: 137), no había autores que reconocieran la prosapia tanguera del barrio. 

A principios del S. XX, Ricardo Podestá escribía para la obra Don Juan de Ernesto Ponzio el siguiente tango: 

Yo soy el taita del barrio

pregúnteselo a cualquiera

no es esta la vez primera

en que me han de conocer.

Yo vivo por San Cristóbal

me yaman don Juan Cabeyo

anóteselo en el cuello

y ahí va, y ahí va si me quieren ver (2)

Más allá de esta afirmación sobre uno de los lugares de origen del tango, también hay elementos que se han constituido como “partícipes necesarios” para su difusión. Y uno de ellos es el famoso organito, que iba por toda la ciudad llevando su música a cambio de unas monedas.

Una de las pocas casas existentes en la ciudad desde donde partían organitos hacia los cuatro rumbos, quedaba en la calle Danel 1532, local a cargo de una matrona que todos llamaban Infanta Isabel (3). 

Una de las fuentes más memoriosas que entrevista Jorge Larroca para su libro es Carmelo Rizzuti, un maestro de la guitarra que tenía su academia de música al lado del actual bar-bodegón Miramar. El mismo Rizzuti le cuenta a Larroca que él vivió primero en “Sarandí 1169; después en el 1256 y finalmente nos mudamos aquí, Sarandí 1176, desde 1911”, y agrega, haciendo alarde de buena memoria a sus 79 años en aquel 1969: “Donde está esta casa era la entrada del famoso circo Rafetto.” (Larroca: 77). 

Es el mismo Rizzuti quien cuenta que de chico se colaban en ese circo junto a su amigo Francisco Canaro, otro tanguero del barrio. Y es el propio Canaro quien cuenta esa anécdota en su libro Mis memorias: Mis bodas de oro con el tango.

Pero no terminan ahí las conexiones del tango de la vieja guardia con el barrio. Canaro vivía en un conventillo de Sarandí 1356 (Luego vivió en Constitución 2061), y en la puerta de al lado, en el 1358, vivían los hermanos Greco (4).

A pocas cuadras de allí, vivía una mezzosoprano que se hundió en el misterio al retirarse muy joven, decepcionada por el desamor del mismísimo Pirincho Canaro, quien se negaba a separarse de su esposa, y que luego de muchísimos años fue encontrada viviendo en un convento en Córdoba y rescatada del olvido a través del documental Yo no sé que me han hecho tus ojos, dirigido por Lorena Muñoz y Sergio Wolff: me refiero a Ada Falcón, que vivía con sus hermanas en un edificio aún en pie en la esquina de San Juan y Rincón (5). No es difícil imaginarnos las miradas cómplices y los lances amorosos entre Ada y Pirincho en alguna tanguería o café de la zona. 

Vecino de Garrote Greco y de los Canaro (no solo Pirincho destacó en esa familia, sino el inmenso bandoneonista que era Juan Canaro), el poeta Juan Andrés Caruso vivía en Pasco 1315, y muchas de sus canciones fueron grabadas por Gardel: Alma de bohemio y Cascabelito, entre otras.

Además de ser poeta, Caruso también era dramaturgo. No sabemos hasta dónde habría llegado su genialidad, de no haber fallecido a los 40 años el 1 de marzo de 1931. (Larroca: 158).

Esos cafés, y las denominadas “academias” -en los cuales Larroca picarescamente agrega que eran lugares en los que se bailaba “y…algo más” (Larroca: 142)- eran los reductos donde la cultura tanguera se expresaba a sus anchas.

Entre ellos podemos citar a la casa de María la vasca, cuyo nombre completo era María Rangolla, “en Europa 2721 (actualmente el nombre de la calle es Carlos Calvo y funciona allí la Federación de Trabajadores de la Industria y Afines)”, y en donde allá por 1897, Rosendo Mendizábal, un pianista moreno de afinación perfecta y sentido de la oportunidad, le dedicó a Segovia, un muchacho que era parte del “Z club” (6) , y que era oriundo de Entre Ríos, el tango El Entrerriano.

También el café de Rincón y Garay, por donde pasó Rafael Iriarte, autor de Trago Amargo; El de la Pichona, de Pavón entre Rincón y Pasco, frecuentado por La Moreira; el Protegido, de San Juan y Pasco, donde Samuel Castriota estrenó el tango Lita, que luego, con letra de Contursi, se convertiría en Mi noche triste” (7).

Samuel Castriota vivía en Pozos 1281, y el mismo Contursi, si bien había nacido en Chivilcoy, terminó viviendo, como muchos hijos de inmigrantes, en el sur de la ciudad y, más precisamente, en el barrio que nos convoca.

Muchos otros tangueros vivieron en el barrio, podemos recordar al “cantor Luciano Cardelli que actuaba en la radio, (y) tenía su domicilio en Cochabamba 2063; también vivían por aquí las cancionistas Herminia Velich y Tita Galatro” (Da Veiga). 

Pero quizás uno de los personajes ilustres que habitaron el barrio, y permanentemente es asociado a Pompeya o a San Juan y Boedo debido a su tango sur, es Homero Manzioni, más conocido como Homero Manzi, un poeta de una sensibilidad extrema y de una precisión para describir espacios unidos a sentimientos pocas veces vista, miembro fundador de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) y que vivía en Garay 3251 (8), casi esquina Danel. 

Pero sin duda, el más famoso tanguero que recorrió estas calles es aquel que ya tiene carácter de mito, Carlos Gardel. Independientemente de las controversias sobre su lugar de nacimiento, se popularizó como el Morocho del Abasto, pero también sabemos que vivió en la calle Rincón 137, a una cuadra del café Los Angelitos.

En este caso, otra vez nos da más precisiones Carmelo Rizzuti, quien nos recuerda que en donde actualmente está el bar Miramar (en cuyo sótano, camino a los baños, está el cartel de la academia de don Carmelo), estaba la sombrerería Della Corte, que funcionó entre 1920 y 1948, en donde el zorzal compraba sus sombreros.

Pero no termina allí el paso de Gardel por el barrio. Otilia Da Veiga nos cuenta que en el bar El estribo, en el barrio de Montserrat o Balvanera (hay versiones disímiles sobre en cual vereda se encontraba), en la calle Entre Ríos apenas pasando Independencia, debutó el dúo Gardel-Razzano, siendo este último, también morador de San Cristóbal -San Juan 2718 (9)-. El dúo también solía frecuentar el local de la calle Estados Unidos entre Rincón y Sarandí, que pertenecía al italiano Manuel Fasolino

Tomás Simari, un reconocido actor de la década del 20 y el 30, en su libro ¡MI historia la cuento yo!, nos dice que en el año 1923, en el Teatro de Verano, ubicado en Pasco entre Cochabamba y San Juan, “llegó Carlitos Gardel […] y conoció al gran pibe Alfredo Le Pera”(10). Es decir, que la famosa dupla compositora tuvo su nacimiento en el corazón de San Cristóbal, aproximadamente en donde ahora tiene una de sus entradas el supermercado Coto

Por último, por ahora, ya que la historiografía gardeliana se sigue engrosando día a día, el día 23 de septiembre de 1933, en el barrio San Cristóbal vibró la voz más idealizada por cualquier porteñx que se precie de serlo; no obstante, son pocos los que saben que, hace casi 89 años, en el cine National Palace, de San Juan 2461, cantaba Gardel (11), y durante muchísimos años, todos los 24 de junio, en el mismo cine, bajo su techo corredizo, se pasaban en continuado tres pelis del Zorzal.

Ese día, cuenta un vecino memorioso, quedó tanta gente afuera que Carlitos salió luego de la función, y entonó unos tangos en plena avenida San Juan.

Por otro lado, también en el barrio estuvo la primera “fábrica” de discos de la ciudad, fundada por un personaje entrañable: El Gaucho Relámpago. “A fines del siglo XIX llega al puerto de Buenos Aires, junto a miles de inmigrantes, Don Carlos Domingo Nasca, que había nacido en Italia, en 1873”.

Tanto se aquerenció con esta tierra, que solía deambular vestido de gaucho y tanto amó a nuestra música que en “una fecha cercana a 1909 o 1910 consiguió Nasca una licencia de la empresa discográfica alemana “Parlophon” de  Carl Lindström,  para grabar discos en Buenos Aires.

Un humilde corralón de su propiedad, situado en Garay y Pichincha, frente a los cuarteles del Regimiento 3 de Infantería, serviría de estudio […) Años después “El Gaucho Relámpago” se reubicó […] en la calle Alberti 1105” (12). P

Por esos estudios, pasó “la Orquesta dirigida por el maestro Roberto Firpo, la del maestro Francisco Peirano, el Cuarteto “Ni más ni menos” y el de Genaro Espósito , la Orquesta Típica de Eduardo Arolas, la de Félix Camarano y la de Juan Maglio Pacho, el payador Francisco Piris  (tenor del Teatro Argentino), el antológico Gabino Ezeiza o Arturo Navas, asimismo se registra la labor vocal de Paquita Schell acompañada por la “Rondalla del sello”, y no escaparon al estaf (sic) artístico de Era: Ángel Villoldo, Los Gobbi, y Eugenio López” (Elías).

Por otro lado, en la calle Pasco 1257 se encontraba la Editorial Musical Pirovano, fundada por Natalio Héctor Pirovano en 1906 y cuya “casa era asiduamente visitada por músicos, cantantes, autores y compositores, entre ellos Carlos Gardel, Razzano, Filiberto, Canaro, Cadícamo, Saborido, Delfino, Juan Maglio, María Luisa Carnelli, Azucena Maizani, Ivo Pelay, Amadori, Discépolo, Tagini, Donato, Chazarreta” (13).

Más acá en el tiempo, en este barrio nació en 1926 Atilio Stampone, que vivía (y desconozco si aún vive allí) en Alberti y Humberto I. Seguramente hay omisiones en este artículo, pero como sé de su destino en las redes sociales, sin duda la construcción colectiva de la historiografía barrial se ocupará de llenar los hiatos involuntarios

Afortunadamente, y en plan reivindicativo, el tango no es algo del pasado en el barrio. Este sábado 21 de mayo, a las 19.30 hs., en el bar El Gasómetro, de la esquina de Pavón y Pasco, se lanza el ciclo de tango San Cristóbal, un barrio inolvidable.

El nombre no es una casualidad, sino que, parafraseando al gran historiador barrial, queremos que nuestro barrio deje de ser “olvidado” para convertirse en “inolvidable”.

El lugar en el que se desarrollará no es fortuito: atento a las caracterizaciones que supo hacer Horacio González, El Gasómetro es un bar viejo, no envejecido. No está ajado a propósito para parecer vetusto, sino que, por el contrario, se lo percibe viejo -allí paraba mi abuelo- pero Perla -quien lo lleva adelante- se esfuerza por mantenerlo bello, arreglado y confortable.

Lejos de ser un “bar notable”, es un bar de verdad. En esta primera ocasión van a cantar Patricia Malanca Tangos y un dúo conformado por Lucas Ferrara (guitarrista de Bs. As. Bombay) y Marina Ríos

Sin duda, lxs sancristobaleñxs saldrán el sábado a la noche a escuchar unos tangos y, distantes de una nostalgia lloriqueante, bailarán, se reirán, se divertirán y persistirán en el noble entretenimiento de seguir forjando su identidad.

Referencias bibliográficas

1 Larroca, Jorge: San Cristóbal, el barrio olvidado. Freeland. Bs. As. 1969. Pág. 187.

2 https://www.cancioneros.com/letras/cancion/59295/don-juan-el-taita-del-barrio-ricardo-podesta

3 Dr. Vaccari. Revista PBT N° 438, del 19 de abril de 1913.

4 Llanes, Ricardo M.: El barrio de San Cristóbal. Cuadernos de Bs. As. XXXIV. Municipalidad de la Ciudad de Bs. As. 1970. Pág. 106.

5 Da Veiga, Otilia: El tango en San Cristóbal. https://buenosaireshistoria.org/juntas/un-paseo-por-el-tango-en-san-cristobal/

6 El “Z Club” era una milonga itinerante que tenía como pianista a Mendizábal.

7 Fragmento de una nota propia publicada en Abran Paso. https://abranpasoradio.com.ar/los-sombreros-de-gardel/?fbclid=IwAR3DV_SjVX-Rin4k2mHBT0FsAnw6DhpUkNb7EZCCm5ABVrCZJzXlnJKCw4o

8 Vicente, Néstor y Luis Carlos Ruíz: Un globo acunado en barrio y tango. Ediciones Al Arco. Bs. As. 2013. Pág. 75.

9 Tallón, José S.: El tango en su etapa de música prohibida. Instituto Amigos del Libro Argentino. Bs. As. 1959. Pág. 74.

10 Simari, Tomás: ¡Mi historia la escribo yo! Edición de autor. Bs. As. 1956. Pág. 51. 

11 https://www.buenosaires.gob.ar/museocasacarlosgardel/efemerides-septiembre

12 Elías, Guillermo César: Historias con voz: una instantánea fonográfica de Buenos Ayres a principios del siglo XX. 1º ed. Buenos Aires: Fundación Industrias Culturales Argentinas, 2015. Págs: 70,71 y 72

13 Da Veiga, Otilia. Posteo en el Facebook de la Junta de Estudios Históricos de San Cristóbal “Jorge Larroca” el 22 de julio de 2020.