Los vendedores ambulantes, que se convirtieron en feriantes del predio ubicado en La Rioja 70, llevan 8 días sin luz ni agua. Ante la falta se soluciones realizaron un corte de calle y una olla popular.
Los puestos de la Feria ubicada en la calle La Rioja 70 están en una situación desesperante. Los periodistas reciben pedidos de ayuda constantes por parte de ellos para que, a través de la difusión de lo que están pasando, la población conozca cuál es su situación. Los funcionarios del Poder Ejecutivo de la Ciudad de Buenos Aires no responden a sus reclamos o brindan respuestas que no dan ningún tipo de solución satisfactoria.
Frente a ese contexto, los feriantes decidieron interrumpir el tránsito, en la intersección de las calles La Rioja e Yrigoyen, y hacer una olla popular. Mientras hacían ruido mediante aplausos, decenas de personas gritaban la consigna “queremos trabajar”.
“Estamos haciendo todo para poder dar un plato de comida a la gente”, afirmó Salvador, uno de los puesteros del predio, en diálogo con Abran Paso.
El predio fue inaugurado sin contar con instalaciones eléctrica básicas para su normal funcionamiento. A las constantes filtraciones de agua que se sucedían cada vez que había una tormenta, se sumó la inexistencia de la instalación del suministro eléctrico, que durante un buen tiempo se intentó solucionar con un generador, que no era lo mejor, pero que, al menos, permitía garantizar energía la mayor parte del día.
El generador se retiró cuando se hizo la conexión eléctrica permanente. Pero, desde ese momento Edesur comenzó a fallar en su prestación. Los feriantes reclaman que el Gobierno de la Ciudad retorne el equipo del generador eléctrico hasta que la empresa prestadora del servicio solucione los problemas.
Los puestos no pueden funcionar sin luz. Aquellos que se encuentran en el interior de los pasillos necesitan iluminación permanente porque sino están a oscuras y los vendedores no pueden mostrar la mercadería y los posibles compradores no transitan por el predio.
El problema no se agota en los ocho días sin energía. Cuando los manteros fueron desalojados por la Policía de la Ciudad en enero de 2017, muchos de ellos aceptaron recibir cursos de emprendedorismo dictado por la Cámara Argentina de la Mediana Empresa. Luego se registraron en el sistema tributario y finalmente fueron ubicados en algunos predios cercanos a la Plaza Miserere.
Pero, nunca alcanzaron las cantidades de puestos para que la totalidad de los vendedores ingresaran en las ferias. Los que sí lograron hacerlo, experimentaron una baja en sus ventas que los llevó a pasar largas jornadas sin tener ingresos, ni siquiera para alimentarse.
El Gobierno porteño nunca tuvo en cuenta que el flujo de personas que transita por las ferias es infinitamente menor en comparación al que se observa en las calles donde antes estaban los manteros.
Podemos ver que la solución nunca fue total y, nada garantiza que las veredas del barrio de Once no se vuelvan a poblar de vendedores que “quieren trabajar”.














