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El alto precio de los perfumes impulsa la falsificación en Once, dentro de Balvanera

El aumento sostenido de los precios convirtió a los perfumes originales en un artículo de lujo para muchos vecinos y compradores. En la zona de Once, la falsificación aparece como una solución informal frente a la pérdida del poder adquisitivo y la falta de alternativas accesibles. Por Marcos Bolivar.

Los Perfumes originales que superan largamente el salario promedio, vidrieras con precios expresados en dólares y una realidad cotidiana que golpea el bolsillo explican por qué la falsificación se consolidó como un fenómeno extendido en la zona de Once, dentro del barrio porteño de Balvanera.

La postal se repite a diario sobre calles clave como Corrientes, Avellaneda, Paso y las galerías comerciales del área. Locales pequeños, puestos informales y vendedores ambulantes ofrecen fragancias “inspiradas en” marcas internacionales a valores que pueden ser hasta diez veces más bajos que los originales. Para muchos consumidores, la elección no responde a una preferencia sino a una necesidad económica concreta.

Un producto cotidiano que se volvió inaccesible

Durante los últimos años, el precio de los perfumes importados aumentó de forma sostenida. La combinación de restricciones a las importaciones, suba del dólar, impuestos y costos logísticos transformó a estas fragancias en bienes de lujo. En algunos comercios del centro porteño, un perfume original puede costar lo mismo que un alquiler mensual en Balvanera.

“Antes era un gusto anual, ahora directamente quedó fuera del presupuesto”, comenta una vecina histórica del barrio. Este testimonio se repite entre residentes, trabajadores y compradores ocasionales que recorren Once en busca de precios más bajos.

Once como espejo del consumo popular

La zona de Once funciona desde hace décadas como un termómetro social y comercial. Lo que se vende en sus calles suele anticipar cambios en los hábitos de consumo y reflejar con crudeza las crisis económicas. La falsificación de perfumes se inscribe en esa lógica: una respuesta informal frente a un mercado formal cada vez más excluyente.

Comerciantes de la zona explican que la demanda creció notablemente. “Ya no preguntan si es original, preguntan cuánto dura y cuánto sale”, señalan desde un local sobre la calle Avellaneda. El foco está puesto en el precio y en la posibilidad de acceso inmediato.

Entre la ilegalidad y la supervivencia

Aunque la falsificación es una práctica ilegal, en el discurso cotidiano aparece relativizada. Muchos vendedores prefieren hablar de “réplicas”, “esencias” o “alternativas”, evitando la palabra falsificación. Para los compradores, la discusión legal queda desplazada frente a la urgencia económica.

“No es que uno quiera comprar trucho, es lo que se puede pagar”, resume un trabajador que compra perfumes para uso personal. En ese marco, la falsificación de perfumes en Once se percibe más como una solución práctica que como un delito.

Riesgos para la salud poco visibles

Especialistas advierten que los perfumes falsificados pueden implicar riesgos para la salud. La falta de controles, el uso de alcoholes de baja calidad o esencias no reguladas puede provocar alergias, irritaciones en la piel o problemas respiratorios. Sin embargo, estas advertencias rara vez llegan con fuerza al consumidor final.

En la zona, algunos comerciantes intentan diferenciarse ofreciendo productos nacionales o artesanales, presentados como una opción intermedia entre el original importado y la falsificación más precaria. Aun así, la frontera entre lo legal y lo informal sigue siendo difusa.

Controles esporádicos y una problemática persistente

Los operativos de control existen, pero vecinos y comerciantes coinciden en que son puntuales. Tras cada inspección, la actividad se reduce por unos días y luego vuelve a la normalidad. La magnitud del fenómeno supera la capacidad de fiscalización y deja en evidencia una tensión estructural: controlar sin resolver el problema de fondo.

Desde una mirada hiperlocal, la situación abre preguntas incómodas. ¿Qué pasa cuando un producto de uso cotidiano se vuelve inaccesible para la mayoría? ¿Hasta dónde llega la responsabilidad del consumidor y dónde empieza la del sistema económico?

Mucho más que perfumes

En Balvanera, la falsificación de perfumes es solo una parte de un problema mayor. Detrás aparecen debates sobre informalidad, empleo, consumo y desigualdad. Once no genera la crisis, pero la expone con claridad.

Mientras los precios sigan subiendo y los ingresos no acompañen, la escena difícilmente cambie. Entre aromas intensos, frascos similares y precios tentadores, Once vuelve a mostrar cómo la realidad económica del país se expresa, con fuerza, en las calles de Balvanera.