Úrsula Serdarevich, doctora en Salud Pública y licenciada en Enfermería, presentó un pedido de información para conocer la composición química de los productos que se aplican en plazas y espacios verdes de Balvanera y San Cristóbal. En diálogo con Abran Paso, explicó los motivos de la iniciativa, planteó la necesidad de evaluar alternativas y advirtió sobre la importancia de contar con información pública para discutir las prácticas de mantenimiento urbano.
¿Qué productos se utilizan para mantener las plazas y los espacios verdes de la Ciudad de Buenos Aires? ¿Cuáles son sus componentes y en qué cantidades se aplican? Esas son algunas de las preguntas que busca responder Úrsula Serdarevich, doctora en Salud Pública y licenciada en Enfermería, a través de una solicitud presentada ante la Comisión de Espacio Público y Ambiente del Consejo Consultivo Comunal 3.
El pedido, fechado el 19 de octubre, solicita que se gestione ante la Dirección General de Espacios Verdes y Arbolado del Gobierno porteño un informe técnico sobre las sustancias químicas utilizadas en las plazas, jardines y otros espacios públicos de Balvanera y San Cristóbal.
En diálogo con Abran Paso, Serdarevich explicó que la iniciativa surgió de su preocupación como profesional de la salud y de una situación cotidiana: una advertencia que recibió durante una visita a un espacio verde de la Comuna 3 sobre un producto que se habría aplicado en un sector parquizado.
La entrevistada no sostiene que los productos utilizados en las plazas sean necesariamente perjudiciales. Por el contrario, insiste en que el primer paso es conocer su composición y las cantidades aplicadas para poder evaluar la situación con información concreta.
“Lo importante en primera instancia es saber con certeza qué se usa y, a partir de ahí, ver cómo seguimos”, planteó.
Un pedido para conocer la composición de los productos
La presentación solicita información sobre las sustancias químicas empleadas en el mantenimiento de los espacios verdes. Serdarevich remarcó que no alcanza con conocer los nombres comerciales de los productos: considera necesario identificar sus componentes y las proporciones en que se utilizan.
El pedido se canalizó a través del Consejo Consultivo Comunal 3. Según explicó, la Comisión de Espacio Público y Ambiente recibió la nota y la derivó al área de participación y atención vecinal de la Comuna, donde se generó el expediente administrativo.
La solicitud se fundamenta en disposiciones de la Constitución de la Ciudad, la normativa ambiental y la Ley 104 de Acceso a la Información Pública. De acuerdo con el documento presentado, el plazo previsto para responder es de hasta 15 días hábiles.
Para Serdarevich, la información es necesaria para evaluar qué prácticas se llevan adelante en las plazas y si existen motivos para revisar los productos utilizados.
“Lo primero es conocer cuál es la composición. En el supuesto caso de que los productos que se utilizaran pudieran ser riesgosos, después hay que ver qué tipo de productos son, en qué cantidad se aplican y otras cuestiones”, explicó durante la entrevista.
Hasta el momento de la conversación, la entrevistada señaló que había recibido el número de expediente del Consejo Consultivo y que esperaba una respuesta oficial.
La preocupación por la salud y el ambiente
Serdarevich vinculó su iniciativa con su experiencia profesional y con las discusiones sobre los posibles efectos de determinadas exposiciones ambientales en la salud humana.
Durante la entrevista mencionó su preocupación por los cambios que, según observa y sigue en investigaciones y conversaciones con otros profesionales, podrían estar produciéndose en los patrones epidemiológicos. Hizo referencia a enfermedades oncológicas en personas jóvenes y a la necesidad de comprender mejor los factores que intervienen en su aparición.
Sin embargo, aclaró que para establecer relaciones entre una exposición y una enfermedad se necesita evidencia. En el caso de las plazas de la Comuna 3, todavía falta conocer qué sustancias se utilizan, en qué concentraciones y bajo qué condiciones.
La entrevista tampoco aporta estudios que demuestren una relación entre los productos aplicados en esos espacios verdes y la aparición de enfermedades en la población de Balvanera o San Cristóbal.
La distinción es importante: el pedido no parte de un riesgo sanitario comprobado en las plazas, sino de la intención de obtener información que permita evaluar las prácticas de mantenimiento y determinar si corresponde adoptar medidas adicionales.
La profesional recordó otros casos de exposición ambiental que fueron objeto de reclamos e investigaciones, como el contacto con asbesto en el subte porteño y la presencia de contaminantes en distintas comunidades. Esos antecedentes forman parte de su preocupación general por la salud ambiental, pero no prueban que exista una situación equivalente en los espacios verdes de la Comuna 3.
“Es importante que, como habitantes de la Ciudad de Buenos Aires, conozcamos a qué estamos expuestos, si es que estamos expuestos a algo”, sostuvo.
¿Qué productos se aplican y para qué?
Uno de los interrogantes que plantea Serdarevich es cuál es el objetivo de los productos utilizados en las plazas. La respuesta, sostiene, permitiría discutir si los insumos empleados son necesarios y si existen otras opciones para realizar las mismas tareas.
La profesional mencionó la posibilidad de evaluar alternativas agroecológicas, incluso dentro de la propia Comuna 3, donde considera importante revisar cómo se mantienen los espacios verdes disponibles.
La pregunta no se limita a la eventual toxicidad de una sustancia. También apunta a conocer qué función cumple, qué cantidad se aplica y si el objetivo puede alcanzarse mediante otras prácticas.
En ese sentido, Serdarevich planteó que, si la información técnica mostrara algún riesgo para la salud, sería necesario considerar medidas como reemplazar determinados productos por alternativas adecuadas y revisar las condiciones en que se manipulan.
La cuestión también involucra a los trabajadores que realizan tareas de mantenimiento. Según señaló, cualquier evaluación debería contemplar las condiciones de uso, la manipulación de las sustancias y las medidas de protección correspondientes.
Por ahora, el pedido no identifica productos concretos ni permite determinar si las prácticas actuales representan un riesgo para quienes trabajan en las plazas o para las personas que las utilizan.
El acceso a la información como herramienta ciudadana
Además de su formación en salud pública, Serdarevich destacó el valor de la Ley de Acceso a la Información Pública como una herramienta que puede utilizar cualquier habitante para conocer las decisiones de los organismos estatales.
En este caso, el Gobierno porteño es el responsable de las políticas de mantenimiento de plazas, jardines y espacios públicos. Por eso, la solicitud busca obtener información directamente de la dependencia encargada de esas tareas.
La entrevistada sostuvo que conocer los productos utilizados permitiría contar con una base objetiva para decidir si hace falta profundizar la investigación, modificar alguna práctica o solicitar nuevas evaluaciones.
También consideró importante que las comunidades puedan formular preguntas sobre las decisiones que se toman con recursos públicos cuando esas decisiones involucran cuestiones ambientales y sanitarias.
El pedido no constituye una denuncia por contaminación ni una confirmación de que se estén utilizando sustancias peligrosas. Se trata de una solicitud de información para conocer qué se aplica y disponer de elementos técnicos que permitan analizarlo.
Qué puede pasar después de la respuesta oficial
La información que entregue el Gobierno de la Ciudad será central para definir los próximos pasos. Si el informe identifica los productos utilizados, sus componentes, las cantidades y sus condiciones de aplicación, se podrá evaluar qué preguntas adicionales corresponde formular.
A partir de esos datos, podrían analizarse la necesidad de los productos, las alternativas disponibles y las condiciones de seguridad para quienes los manipulan y para la población que utiliza los espacios verdes.
Por el momento, Serdarevich espera una respuesta al expediente tramitado mediante el Consejo Consultivo Comunal 3. La presentación establece un plazo de hasta 15 días hábiles, aunque al cierre de esta nota no se cuenta con el informe técnico solicitado.
La iniciativa abre una discusión sobre el mantenimiento de los espacios verdes de Balvanera y San Cristóbal, en una comuna donde la disponibilidad de plazas es una cuestión relevante para la vida cotidiana.
El punto de partida, insiste la profesional, es contar con información verificable. Antes de determinar si existe un problema o si es necesario cambiar las prácticas actuales, el primer paso es conocer qué productos se utilizan y con qué finalidad.












