La situación política de Venezuela atraviesa un momento de inflexión histórica desde el 3 de enero, fecha que marcó un abrupto reordenamiento del tablero institucional tras la intervención directa de Estados Unidos y la captura del presidente Nicolás Maduro. Para la psicóloga social y doctora en Ciencias Políticas Lorena Fréitez, este hecho no implicó una ruptura total del sistema, sino un “reseteo” del orden político, que obligó a todos los actores a redefinir posiciones, estrategias y discursos.
Según Fréitez, el chavismo, lejos de desaparecer como fuerza política, se consolidó nuevamente como actor central, aunque con una estrategia renovada. “Observamos un chavismo más dialogante con la sociedad, que busca institucionalizar nuevas formas de gestionar el conflicto político”, explica. En ese marco, se impulsaron iniciativas como una ley de amnistía, programas de diálogo social y una comisión parlamentaria para promover acuerdos con sectores opositores moderados.
Este giro busca reducir la confrontación extrema, construir reglas de convivencia democrática y abrir canales para la resolución pacífica del conflicto. La estrategia recuerda, señala Fréitez, al llamado al “perdón y la reconciliación” que Hugo Chávez impulsó tras el golpe de Estado de 2002, con el objetivo de recomponer la cohesión nacional.
Un chavismo reconfigurado, pero decisivo
Pese a los problemas de legitimidad social acumulados en los últimos años, Fréitez sostiene que el chavismo sigue contando con una sólida red de vínculos, creencias compartidas y poder institucional, que lo mantienen como fuerza decisiva. Esta continuidad explica, en parte, por qué Estados Unidos optó por negociar con los actores chavistas existentes en lugar de intentar una ruptura total del sistema político.
Este capital político le permite al chavismo proyectar una posible reconstrucción de su legitimidad, especialmente de cara a futuros escenarios electorales. El actual proceso de diálogo y apertura social se orienta, justamente, a recomponer la relación con una sociedad golpeada por años de crisis, polarización y deterioro económico.
La oposición radical y sus límites estratégicos
En contraste, Fréitez observa que el sector opositor más radical, encabezado por María Corina Machado, quedó marginado de las negociaciones centrales. Esta exclusión responde, en parte, a su histórica estrategia de confrontación directa y desestabilización, que hoy resulta funcionalmente incompatible con los intereses de Washington, enfocados en garantizar estabilidad política para reactivar el negocio petrolero.
En este contexto, temas cruciales como los presos políticos y las elecciones son utilizados por este sector más como herramientas de presión y agitación que como verdaderas banderas de democratización. “Están presos de sus propias decisiones políticas”, resume Fréitez, al describir una oposición atrapada en la lógica de la ruptura permanente.
El surgimiento de un consenso centrista
Uno de los fenómenos más relevantes del nuevo escenario es el surgimiento de un consenso político centrista, que atraviesa amplios sectores de la sociedad y del espectro partidario. No se trata de un bloque organizado, sino de un sentido común social que prioriza el diálogo, la concordia política, la estabilidad y la recuperación económica.
Este consenso expresa el agotamiento social frente a años de conflicto, persecuciones, crisis institucional y colapso material. La población reclama soluciones concretas en áreas críticas como salud, ingresos, salarios, servicios públicos y empleo, relegando momentáneamente el debate sobre la soberanía nacional, aunque sin abandonarlo del todo.
“La conversación política hoy está marcada por el pragmatismo económico y la búsqueda de entendimiento”, señala Fréitez. En ese marco, los discursos centrados en inversiones, recuperación productiva y mejoras materiales generan expectativas y esperanzas reales en una sociedad profundamente castigada.
La publicación de Reuters y la disputa por la unidad chavista
La reciente publicación de Reuters sobre supuestos contactos entre Diosdado Cabello y funcionarios estadounidenses tuvo, según Fréitez, un destinatario político claro: las bases duras del chavismo. El objetivo habría sido sembrar dudas internas, erosionar la cohesión y promover fisuras dentro de un bloque que, lejos de fragmentarse tras la captura de Maduro, logró mantenerse unido.
“La consigna ‘dudar es traición’ expresa el momento interno que atraviesa este espacio”, afirma la politóloga. En un contexto de redefinición profunda, la unidad chavista aparece como un factor clave para garantizar una transición sin violencia y la construcción de reglas políticas estables.
No obstante, este bloque no está dispuesto a resignar su peso político. Por el contrario, defiende activamente sus espacios de poder, buscando garantizar su participación plena en el nuevo orden institucional que se está configurando.
Un gobierno interino bajo tensión
El surgimiento de un gobierno interino, encargado de administrar decisiones estratégicas sobre el petróleo, la economía y la estructura estatal, se produce en un clima de alta complejidad y contradicciones. “Se secuestra al presidente y hay que negociar con los secuestradores para evitar una guerra”, sintetiza Fréitez.
En este delicado equilibrio, el gobierno logró mantener niveles razonables de cohesión interna, impulsando reformas que, aunque generan tensiones, se alinean con las expectativas sociales y con los intereses estratégicos de Estados Unidos, lo que les otorga una suerte de blindaje político.
Un país en transición
Venezuela atraviesa hoy un proceso de transición cargado de incertidumbre, pero también de oportunidades. El desplazamiento del eje político desde la confrontación ideológica hacia la resolución de problemas materiales abre un nuevo ciclo, marcado por la búsqueda de estabilidad, reconstrucción institucional y recuperación económica.
El desafío central será construir un orden político inclusivo, capaz de integrar a viejos y nuevos actores, garantizar derechos, recomponer la soberanía y evitar el retorno de la violencia. En ese delicado equilibrio se juega el futuro inmediato de un país que intenta dejar atrás años de fractura y conflicto.












