La plaza Martín Fierro, en el barrio de San Cristóbal, es desde hace décadas un espacio de encuentro para actividades recreativas, deportivas y culturales. Entre ellas, los ensayos de la Murga Resaca Murguera, una agrupación con casi tres décadas de trayectoria que en los últimos días quedó en el centro de la polémica tras una serie de ataques públicos y episodios de violencia que pusieron en discusión el uso del espacio público y la convivencia barrial.
Resaca Murguera ensaya en la plaza Martín Fierro desde 1999. En ese recorrido, el grupo se consolidó como una referencia cultural del barrio y del circuito oficial de los carnavales porteños. “Hace casi 27 años que ensayamos en esta plaza y nunca tuvimos un conflicto de esta magnitud”, explicó, en una entrevista con Abran Paso, Julieta Catán, referente del Centro Murga Resaca Murguera.
La murga forma parte de los carnavales oficiales de la Ciudad de Buenos Aires y sus ensayos comienzan habitualmente a mitad de año, intensificándose a medida que se acerca febrero. Según detallan desde la agrupación, se trata de una actividad organizada, con horarios definidos y autorizaciones formales. “No ensayamos de manera arbitraria ni cuando queremos; tenemos permisos otorgados por la Secretaría de Cultura y la Comuna, con días y horarios específicos”, remarcó Catán.
Lejos de ser un espacio cerrado, Resaca Murguera se construyó históricamente como una propuesta abierta e intergeneracional. En cada ensayo conviven niñas, niños, adolescentes, adultos y personas mayores del barrio. “Somos un espacio cultural gratuito, vienen familias enteras, hay chicos del barrio que crecieron acá”, señaló la referente murguera.
Además de los ensayos, la murga participa activamente en actividades comunitarias: festejos por el Día del Niño, celebraciones de primavera, inauguraciones de espacios públicos y eventos organizados por instituciones barriales. “Siempre que el barrio nos convoca, estamos”, resumió Catán, al destacar el vínculo construido con el entorno a lo largo de los años.
Los ataques recientes marcaron un punto de quiebre en esa relación. Según relatan desde la murga, comenzaron con publicaciones en redes sociales impulsadas por un grupo que se presenta como “Buenos Vecinos”, y derivaron luego en situaciones de hostigamiento directo. “Pasamos de una crítica pública a hechos de violencia que nos preocuparon mucho”, sostuvo Catán.
Desde la agrupación buscan aclarar que los ensayos no implican un uso permanente ni ininterrumpido de instrumentos. “No estamos tocando bombos durante cuatro horas seguidas”, explicó la entrevistada, y agregó que existen pausas y momentos de trabajo sin percusión. Incluso, para determinadas instancias como el canto o el armado escénico, la murga se traslada a espacios privados. “Justamente para respetar a quienes viven alrededor de la plaza”, afirmó.
El conflicto volvió a poner en debate el uso compartido del espacio público. La plaza Martín Fierro, como muchas otras de la Ciudad, alberga actividades diversas: clases de gimnasia, entrenamientos deportivos, ferias, juegos infantiles y encuentros recreativos. Todas conviven en un mismo espacio y generan distintos niveles de ocupación sonora.
Desde Resaca Murguera sostienen que la murga forma parte de esa dinámica barrial. “La murga es cultura popular, es identidad de barrio, no algo ajeno a la vida cotidiana”, expresó Catán. En ese sentido, recordó que el carnaval porteño fue históricamente una expresión perseguida y luego recuperada, y que hoy cuenta con reconocimiento oficial y respaldo institucional.
La circulación de información falsa y los discursos de estigmatización en redes sociales también forman parte de la preocupación del grupo. “Cuando se instala un relato de odio, eso habilita situaciones peligrosas”, advirtió la referente, al tiempo que subrayó el impacto que estos episodios tienen sobre las personas que integran la murga.
Como medida preventiva, la agrupación decidió suspender uno de sus ensayos recientes. “Preferimos frenar y organizarnos antes que exponer a nuestros integrantes”, explicó Catán. La decisión apunta a preservar la integridad del grupo y reorganizar la continuidad de los ensayos de cara a los carnavales.
En paralelo, la murga recibió numerosos mensajes de apoyo de otros colectivos culturales y de vecinos del barrio. “Muchos vecinos se acercaron a decirnos que la murga es parte de la plaza y de San Cristóbal”, contó la entrevistada, destacando que el conflicto no representa una postura unánime del barrio.
La situación en la plaza Martín Fierro deja al descubierto una discusión más amplia sobre la convivencia urbana y el lugar de las expresiones culturales populares en la Ciudad de Buenos Aires. Mientras tanto, Resaca Murguera se prepara para seguir defendiendo su espacio histórico. “Nosotros queremos seguir haciendo murga, como lo hicimos siempre, en el barrio y con el barrio”, concluyó Catán.















