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Keiko Fujimori inicia un nuevo gobierno en Perú: «No hay un proyecto refundacional, sino una continuidad del fujimorismo», advierte el politólogo Gonzalo Banda

El regreso del fujimorismo al gobierno reabre viejos debates sobre democracia, derechos humanos, seguridad y gobernabilidad en Perú. El politólogo Gonzalo Banda analiza los desafíos que enfrentará Keiko Fujimori en un país atravesado por fuertes divisiones políticas y sociales, donde la promesa de reconciliación convive con profundas heridas aún abiertas. Por Martín Bustamante.
Keiko Fujimori por Gonzalo Banda Lazarte

La llegada de Keiko Fujimori a la Presidencia de Perú marca el regreso del fujimorismo al poder luego de más de dos décadas. Sin embargo, lejos de representar una renovación política, el politólogo peruano Gonzalo Banda Lazarte sostiene que el nuevo gobierno se presenta como una continuidad del modelo construido por Alberto Fujimori durante la década de 1990, con un fuerte énfasis en el orden, la seguridad y el pragmatismo político, pero sin una propuesta de reconciliación para un país que continúa profundamente dividido.

En diálogo con Abran Paso, Banda analizó el discurso de asunción de la flamante presidenta, los desafíos que enfrentará su administración, las tensiones que persisten entre el fujimorismo y sus detractores, y las posibles consecuencias de las primeras medidas anunciadas en materia de seguridad.

Un discurso breve, pragmático y sin un horizonte transformador

Para Banda, el primer mensaje presidencial dejó en evidencia que Keiko Fujimori no busca inaugurar una nueva etapa política, sino administrar y fortalecer el esquema económico e institucional existente.

«No hay mucho de nuevo. El fujimorismo vuelve a apostar por mantener el establishment político y económico que ya existe. Es un redoble de la apuesta por custodiar mejor ese sistema», afirmó.

Según explicó, el discurso careció de una propuesta ideológica o de un proyecto de país de largo plazo.

«Uno pensaría que una dirigente que perdió tantas segundas vueltas antes de llegar finalmente al poder iba a presentar una visión inspiradora del Perú que quiere construir. Pero fue un discurso muy breve, prolijo, sencillo y con pocas definiciones políticas de fondo», señaló.

El especialista consideró que el mensaje recuperó una de las características históricas del fujimorismo: el pragmatismo acompañado por promesas de fuerte gasto público.

Entre ellas destacó anuncios como el aumento del salario mínimo, la ampliación de programas sociales y la mejora de las pensiones destinadas a adultos mayores en situación de pobreza.

Seguridad: más de lo mismo, pero con mayores atribuciones

Uno de los ejes centrales del discurso fue la seguridad ciudadana, principal bandera electoral de Keiko Fujimori.

La presidenta anunció una mayor participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interior y pidió al Congreso facultades extraordinarias para legislar sobre esa materia.

Sin embargo, Banda considera que las herramientas propuestas no representan una innovación respecto de administraciones anteriores.

«Estados de emergencia y militares en las calles ya se aplicaron muchas veces en Perú. No escuché nada que permita pensar que esta vez habrá un camino diferente», sostuvo.

Su principal preocupación, explicó, es que el nuevo gobierno profundice la utilización de mecanismos represivos.

Recordó que el Congreso aprobó recientemente reformas que fortalecen la protección legal para efectivos policiales y militares durante operativos de seguridad, limitando su responsabilidad penal y ampliando la intervención de tribunales militares.

«El riesgo es que termine aumentando la violencia institucional sin resolver realmente las causas del crimen organizado, que son mucho más complejas que simplemente desplegar más fuerzas de seguridad», advirtió.

El desafío pendiente: reconciliar un país dividido

Uno de los conceptos repetidos por Keiko Fujimori durante su discurso fue la idea de un «gobierno de reconciliación nacional».

Sin embargo, para Banda esa convocatoria quedó únicamente en el plano retórico.

«La propia expresión supone reconocer que existe un país dividido. Pero si uno habla de reconciliación tiene que explicar qué quiere reconciliar y cómo piensa hacerlo», sostuvo.

El politólogo recordó que Perú continúa atravesado por las profundas heridas que dejaron las protestas sociales de 2022 y 2023, especialmente en las regiones del interior.

En ese sentido, lamentó que la presidenta no anunciara investigaciones, mecanismos de verdad, políticas de reparación ni espacios institucionales destinados a reconstruir los vínculos entre el Estado y los sectores que protagonizaron aquellas movilizaciones.

«Las obras públicas pueden mejorar la infraestructura, pero no reconstruyen la política ni reparan la fractura entre el Estado y quienes se sintieron excluidos», explicó.

Alberto Fujimori: un legado que el nuevo gobierno evita mencionar

Uno de los aspectos que más llamó la atención de Banda fue la escasa presencia de Alberto Fujimori en el discurso presidencial.

A diferencia de la campaña electoral, donde el legado del expresidente ocupó un lugar central, durante la ceremonia de asunción prácticamente no hubo referencias directas.

«Yo esperaba un discurso lleno de menciones a su padre. Sin embargo, Alberto Fujimori no apareció ni una sola vez», observó.

No obstante, aclaró que esa ausencia simbólica no implica una revisión crítica del pasado.

Por el contrario, entiende que Keiko Fujimori procura dejar atrás ese debate mientras mantiene intacta la lógica política que caracterizó al fujimorismo.

A su juicio, tampoco existen señales de que el nuevo gobierno impulse políticas de memoria, verdad o reparación para las víctimas de las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante el gobierno de Alberto Fujimori.

«Las víctimas probablemente seguirán olvidadas. Lo que puede venir es una reconstrucción distinta de la memoria histórica, incluso con cuestionamientos a instituciones como la Comisión de la Verdad», alertó.

Una escena difícil para buena parte del Perú

Más allá del análisis político, Banda también compartió una reflexión personal sobre el momento de la asunción presidencial.

Relató que observar a Keiko Fujimori recibiendo la banda presidencial generó un fuerte impacto emocional para muchos ciudadanos.

«Cuando la vi caminando hacia el centro del Congreso pensé: ‘Va a ser presidenta’. Fue una escena muy difícil de procesar para muchos peruanos y, sobre todo, para quienes fueron víctimas de la dictadura de Alberto Fujimori», expresó.

Un escenario abierto

El regreso del fujimorismo al gobierno abre una nueva etapa política en Perú, marcada por la expectativa de quienes respaldan una agenda de orden y seguridad, pero también por la incertidumbre de amplios sectores sociales que mantienen fuertes cuestionamientos hacia ese espacio político.

En un contexto de fragmentación institucional, alta conflictividad social y persistentes desigualdades regionales, el principal desafío del nuevo gobierno será demostrar si logra construir consensos duraderos o si, por el contrario, profundiza las divisiones que marcaron la historia reciente del país.

Como resume Gonzalo Banda, el interrogante central no pasa únicamente por las medidas económicas o de seguridad, sino por la capacidad —hasta ahora ausente— de ofrecer un horizonte político capaz de integrar a un Perú que continúa profundamente fracturado. Además, el especialista recordó que el propio análisis publicado por France 24 sobre el regreso del fujimorismo al poder ya advertía que el nuevo escenario combina continuidad económica, endurecimiento en materia de seguridad y un desafío pendiente en torno a la reconciliación nacional, elementos que vuelven a aparecer en el inicio de la gestión de Keiko Fujimori.