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Una vecina de casi 90 años vende juguetes artesanales para sostener a su hijo con discapacidad

La historia de Inés expone una realidad que atraviesa a muchos adultos mayores en la Comuna 3: ingresos insuficientes, redes de contención debilitadas y demoras en el acceso a derechos básicos que obligan a seguir trabajando en condiciones precarias. Por Martín Bustamante.
Vecina de 90 años vendiendo en la calle

En una de las esquinas más transitadas, la de Santa Fe y Billinghurst, una escena cotidiana empezó a llamar la atención de quienes circulan por la zona. Inés, una vecina de 89 años, vende juguetes artesanales que ella misma fabrica, con el objetivo de complementar una jubilación mínima que no le alcanza para vivir.

La situación fue dada a conocer por la Red de Vecinos Manzana 66, una organización barrial con fuerte presencia en la Comuna 3, que publicó un video en redes sociales mostrando el trabajo diario de la mujer. A partir de esa publicación, el caso comenzó a circular entre vecinos y vecinas, generando preocupación y una rápida respuesta solidaria.

Jubilación mínima y una situación familiar crítica

Según informaron desde la red, Inés trabajó desde los 18 años, pero hoy percibe una jubilación mínima, lo que la obliga a continuar con su actividad en la vía pública a pesar de su edad.
A esto se suma una situación aún más compleja: tiene a su cargo un hijo con discapacidad que todavía no accede a una pensión, lo que incrementa las dificultades económicas del hogar.

La mujer reside en la zona de Valentín Gómez, dentro de los límites de la Comuna 3, y en pocos meses cumplirá 90 años. “Es vecina de la 3 y necesita del acompañamiento de todos”, señalaron desde la Red de Vecinos Manzana 66, al tiempo que difundieron un alias para quienes puedan colaborar económicamente: abril.soda.causal.mp.

Adultos mayores y la informalidad como forma de subsistencia

El caso de Inés no es aislado. En distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires, adultos mayores se ven obligados a seguir trabajando en la informalidad para subsistir, en un contexto donde las jubilaciones mínimas pierden poder adquisitivo frente a la inflación. A su vez, las demoras en la tramitación de pensiones por discapacidad continúan siendo un reclamo recurrente en ámbitos vecinales y sociales.

En Balvanera, la respuesta comunitaria volvió a ponerse en marcha. Vecinos que frecuentan la zona comenzaron a acercarse no solo para comprar los juguetes, sino también para brindar apoyo directo. La difusión del caso en redes sociales refleja, una vez más, el rol clave de las organizaciones barriales en visibilizar problemáticas que muchas veces quedan fuera de la agenda pública.

Mientras tanto, cada jornada Inés vuelve a instalarse en su esquina, con sus creaciones artesanales y la esperanza de reunir lo necesario para sostener su día a día.