Los clubes de barrio y entidades deportivas de la Ciudad de Buenos Aires, pilares de la vida comunitaria en muchos barrios, atraviesan desde hace años una situación particular respecto a sus obligaciones impositivas.
Actualmente, estas instituciones están eximidas del pago del Impuesto Inmobiliario y de la Tasa Retributiva de los Servicios de Alumbrado, Barrido, Limpieza, Mantenimiento y Conservación de Sumideros. Sin embargo, el mecanismo para acceder a ese beneficio se transformó en una traba administrativa que muchas veces termina generando deudas injustificadas.
Una historia de cambios normativos
Hasta 2015, la exención se aplicaba sólo a aquellas entidades que cumplieran con ciertos requisitos, como cumplir una función social, ceder instalaciones a escuelas públicas o facilitar sus espacios para programas deportivos y recreativos.
En 2016, la Legislatura porteña amplió el beneficio y dispuso que quedaran exentos todos los clubes de barrio, salvo los estadios de fútbol profesional de primera división y las instalaciones dedicadas exclusivamente a esa actividad.
Dos años después, en diciembre de 2018, se sancionó la Ley N.º 6111, que condonó las deudas acumuladas por estas entidades debido a problemas en la acreditación de los beneficios fiscales previos.
Un beneficio con costos ocultos
Si bien la ley alivió momentáneamente la situación, la exención debe tramitarse de forma anual. Este requisito genera demoras burocráticas y, en muchos casos, acumulación de deudas por impuestos que los clubes no deberían pagar.
Al no resolverse en tiempo y forma, esas deudas incluso llegan a la instancia judicial, lo que no sólo implica un gasto innecesario para las instituciones barriales sino también una mayor ineficiencia del sistema impositivo.
El rol social en jaque
Los clubes de barrio cumplen un papel central en la vida social y deportiva de cada comuna: ofrecen actividades culturales, contención para jóvenes y familias, y en muchos casos prestan sus instalaciones a escuelas y programas comunitarios.
La incertidumbre fiscal que enfrentan año a año, sumada a la crisis económica que atraviesan, amenaza con debilitar a instituciones que sostienen gran parte del tejido social en los barrios porteños.
En barrios como Balvanera y San Cristóbal, varias instituciones ya manifestaron las dificultades que implica este trámite. Dirigentes de clubes sociales y deportivos señalan que el tiempo y el dinero invertido en resolver problemas administrativos podrían destinarse a mejorar sus instalaciones o ampliar las actividades para los vecinos. “Cada año tenemos que volver a presentar la documentación y muchas veces quedamos a la espera de una aprobación que llega tarde. Mientras tanto, aparecen deudas que no corresponden y que después tenemos que discutir en la Justicia”, resumió un referente barrial.















