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Cuba frente a la presión de Trump: crisis energética, protestas y tensiones en el modelo

Las recientes protestas en la isla reflejan un descontento social creciente en un contexto de apagones prolongados, escasez y tensiones estructurales. Especialistas analizan las causas del conflicto y el delicado equilibrio entre factores internos y presiones externas. Por Martín Bustamante.
Personas caminan por una calle este jueves, en La Habana (Cuba). Cuba tendrá prolongados cortes eléctricos en todo el país este sábado, apagones que desconectarán a la vez hasta el 63 % de la isla en el momento de mayor demanda energética, según datos de la estatal Unión Eléctrica (UNE) elaborados por EFE

La crisis energética que atraviesa Cuba volvió a poner en primer plano un fenómeno que crece desde hace años: el malestar social. En los últimos días, cortes masivos de electricidad, interrupciones de internet y protestas en distintos puntos de la isla expusieron una situación crítica que incluso el propio presidente Miguel Díaz-Canel reconoció públicamente, aunque con matices.

Sin embargo, detrás de ese reconocimiento se despliega un debate más profundo sobre las causas estructurales de la crisis, el alcance de las sanciones externas y el desgaste interno de un modelo económico y político que muestra signos de agotamiento.

Un malestar que crece en condiciones extremas

Para Sergio Ángel, profesor e investigador del programa Cuba de la Universidad Sergio Arboleda, el escenario actual combina múltiples factores que hacen particularmente significativa la reaparición de protestas.

“El hecho de que haya manifestaciones en un país con una población envejecida, con altos niveles de hambre, emigración masiva y sin condiciones básicas de movilidad es en sí mismo un dato relevante”, señala.

Según su análisis, en los últimos años se consolidó una crisis social acumulativa, marcada por:

  • Deterioro de la seguridad alimentaria
  • Migración de más de un millón de personas en edad productiva
  • Fragmentación familiar
  • Cortes recurrentes de electricidad, agua e internet

En ese contexto, las protestas —muchas de ellas con consignas políticas— reflejan algo más que un reclamo puntual. “Hay un sector de la población que siente que no tiene nada que perder y está perdiendo el miedo, como ocurrió en el Protestas del 11 de julio de 2021 en Cuba”, explica.

La crisis energética como detonante

El agravamiento de la crisis energética aparece como el factor inmediato que intensifica el malestar. Apagones prolongados, paralización del transporte y suspensión de actividades educativas generan un impacto directo en la vida cotidiana.

Ángel lo resume como “una raya más al tigre”: un elemento que agrava una situación preexistente. Según detalla, el problema no es nuevo, sino que responde a una combinación de infraestructura deteriorada, falta de inversión y escasez de combustible.

El efecto es concreto: “Es un país que hoy no puede movilizar a su población. Sin transporte, sin electricidad y sin conectividad, se paraliza todo”.

Decisiones económicas bajo cuestionamiento

Uno de los puntos más críticos del análisis de Ángel apunta a las decisiones estratégicas del gobierno en materia de inversión.

Durante los últimos años, sostiene, el Estado priorizó el desarrollo del turismo —especialmente la construcción de hoteles— por sobre sectores clave como la agricultura o la energía. El resultado es una economía cada vez más dependiente de importaciones, incluso para alimentos básicos.

“Hoy Cuba importa cerca del 80% de lo que consume. Al mismo tiempo, la productividad agrícola es baja y la inversión en ese sector cayó de manera sostenida”, afirma.

Este modelo, agrega, profundiza las desigualdades internas: mientras una parte de la población accede a divisas, la mayoría queda atrapada en una economía en pesos con escaso poder adquisitivo.

El rol del bloqueo y las sanciones

El impacto del embargo de Estados Unidos —que el gobierno cubano denomina bloqueo— es otro eje central del debate.

Para Ángel, las sanciones tienen efectos concretos, especialmente al desalentar el comercio con terceros países. Sin embargo, advierte que no explican por sí solas la crisis: “Las carencias estructurales vienen de tiempo atrás y responden también a decisiones internas”.

Desde una mirada diferente, Joel Suárez, integrante del Centro Memorial Martin Luther King en La Habana, subraya el peso determinante del contexto externo.

“El país enfrenta un bloqueo recrudecido, que en su dimensión energética se traduce en la falta de llegada de petróleo. Es una crisis multifactorial, pero el asedio externo es central”, sostiene.

Suárez describe una situación de “estrés estructural”, donde el Estado debe decidir semanalmente entre importar alimentos, medicamentos o insumos energéticos.

Protestas: entre el malestar y la disputa política

Ambos especialistas coinciden en que las protestas son expresión de un malestar real, aunque difieren en su interpretación.

Para Ángel, se trata de un fenómeno con creciente contenido político, donde se cuestiona directamente al sistema. Episodios como el ataque a una sede del Partido Comunista en Morón reflejan, según su mirada, una ruptura simbólica entre la dirigencia y la población.

Suárez, en cambio, propone una lectura más compleja. Reconoce el malestar cotidiano —especialmente ante los apagones y la escasez— pero advierte sobre la influencia de factores externos y del ecosistema digital en la amplificación de las protestas.

“No se puede simplificar el fenómeno. Hay disgusto real, pero también incitación, redes sociales y estrategias de desestabilización”, plantea.

Un gobierno que reconoce, pero no cede

El reconocimiento del malestar por parte de Díaz-Canel marca un cambio discursivo respecto a momentos anteriores, aunque sin modificaciones sustanciales en la línea política.

Según Ángel, ese reconocimiento está rápidamente acompañado por una reafirmación de las causas externas, lo que limita cualquier autocrítica profunda.

Suárez, por su parte, interpreta ese gesto como parte de una evolución en la forma de gestionar el conflicto social: “Hay una mayor comprensión de la protesta, sin deslegitimarla automáticamente”.

¿Un punto de inflexión?

La situación actual abre interrogantes sobre el futuro de la isla. La combinación de crisis económica, deterioro social y creciente descontento plantea un escenario incierto.

Para Ángel, el sistema enfrenta tensiones internas que podrían derivar en reconfiguraciones dentro de la propia élite gobernante. Para Suárez, en cambio, el desafío pasa por sostener el proyecto político en condiciones extremas, profundizando mecanismos de participación y resistencia.

Lo cierto es que, en medio de apagones, escasez y protestas, Cuba atraviesa un momento crítico donde el malestar social dejó de ser un fenómeno aislado para convertirse en un componente estructural de la realidad.

Y en ese escenario, la pregunta ya no es solo qué está pasando, sino hasta dónde puede sostenerse el equilibrio actual.