En un contexto en el que la población travesti, trans y no binaria continúa enfrentando profundas desigualdades sociales, el Bachillerato Popular Travesti, Trans y No Binarie Mocha Celis, ubicado en Jujuy 748, en Balvanera, se consolidó como una experiencia educativa pionera que busca garantizar el acceso a derechos a través de la educación, el trabajo, la salud y la organización comunitaria.
Así lo expresó Francisco Quiñones Cuartas, director y cofundador de la institución, durante una entrevista con Abran Paso, donde repasó el recorrido del proyecto, los desafíos actuales y el impacto que tuvo desde su creación en 2011.
La primera escuela del mundo pensada para la población travesti, trans y no binaria
El Bachillerato Mocha Celis nació el 11 de noviembre de 2011 con un objetivo claro: acercar la educación pública a una población históricamente excluida del sistema educativo formal. Con el tiempo se convirtió en la primera escuela del mundo creada específicamente para personas travestis, trans y no binarias, una experiencia que luego inspiró iniciativas similares en más de quince provincias argentinas y otros países de América Latina.
Durante la entrevista, Quiñones Cuartas recordó que la propuesta surgió frente a una realidad alarmante.
«En la Argentina el promedio de vida de la población travesti trans es de 35 años todavía.»
El director explicó que la exclusión educativa constituye uno de los principales factores que profundizan la vulnerabilidad social del colectivo. Según señaló, alrededor del 90 % de las personas travestis y trans no había completado sus estudios secundarios cuando comenzó el proyecto, mientras que una gran parte encontraba en la prostitución su única fuente de ingresos.
Por ese motivo, el bachillerato diseñó una modalidad adaptada a esa realidad: las clases se dictan por la tarde, un horario pensado para quienes descansan por la mañana tras trabajar durante la noche.
Mucho más que una escuela
Con los años, el proyecto trascendió el ámbito educativo.
Actualmente la asociación desarrolla más de una decena de programas vinculados con empleo, acceso a derechos, vivienda, salud, cultura y formación profesional, buscando acompañar integralmente a cada estudiante y derribar las barreras estructurales que enfrenta la comunidad travesti, trans y no binaria.
Entre los resultados alcanzados, Quiñones Cuartas destacó que más de 200 personas finalizaron sus estudios secundarios en la institución y que numerosas egresadas lograron insertarse laboralmente tanto en organismos públicos como en empresas privadas.
«Cuando una persona termina el secundario también aumenta los controles de salud, puede acceder a un empleo, mejorar sus condiciones de vivienda y cambia su calidad de vida», resumió.
Una escuela abierta al barrio
Además de su tarea educativa cotidiana, la institución busca fortalecer el vínculo con Balvanera y con el resto de la comunidad.
Uno de esos espacios es el Mocha Fest, un encuentro que combina actividades culturales, emprendimientos productivos, ferias y propuestas artísticas abiertas al público.
Según contó el director, la iniciativa nació inicialmente para recaudar fondos destinados a sostener el funcionamiento del espacio, pero con el tiempo se convirtió también en una herramienta para acercar el proyecto al barrio.
«Hay gente que pasa por la puerta, ve la bandera trans junto a la bandera argentina y se pregunta qué funciona ahí. El festival permite abrir la escuela y que la comunidad conozca lo que hacemos.»
La última edición reunió a más de 300 personas y formó parte de las actividades preparatorias por los 15 años que la institución celebrará próximamente.
Los desafíos actuales
Durante la entrevista también hubo lugar para analizar el escenario que atraviesan las políticas de diversidad.
Quiñones Cuartas reconoció la importancia de normas como la Ley de Identidad de Género y la Ley de Cupo e Inclusión Laboral Travesti Trans, aunque advirtió que la existencia de un marco legal no garantiza por sí sola el acceso efectivo a los derechos.
En ese sentido, sostuvo que en el último tiempo crecieron los discursos de odio y situaciones de violencia hacia la comunidad.
«El marco normativo ayuda mucho, pero después hacen falta decisiones políticas para sostener esos derechos.»
Al mismo tiempo destacó que numerosas organizaciones, empresas y personas continúan acercándose para colaborar con la institución mediante donaciones, talleres, proyectos de formación e iniciativas de inserción laboral.
Un espacio que trasciende las aulas
Desde su sede de Balvanera, el Bachillerato Mocha Celis se convirtió en mucho más que una escuela secundaria.
Su experiencia demuestra cómo la educación puede transformarse en una herramienta para ampliar derechos, fortalecer redes comunitarias y generar oportunidades allí donde históricamente existieron barreras de acceso.
Quince años después de su fundación, el proyecto continúa creciendo con la misma premisa que le dio origen: construir una sociedad más igualitaria a partir del reconocimiento de las diversidades y del acceso efectivo a la educación pública.














