Vecinos organizados bajo la ONG “Buenos Vecinos” han liderado reclamos para despejar las veredas de la Comuna, argumentando que la venta ambulante dificulta el tránsito y fomenta la informalidad, cuando no la ilegalidad. Según denuncian, en ciertos casos, detrás de esta actividad podría haber redes que operan bajo esquemas poco transparentes.
En contraste, los manteros exponen una realidad cruda: la venta en las calles no es un deseo, sino una necesidad. Migrantes de países como Perú, Bolivia, Senegal y Haití recurren a esta actividad como último recurso frente a situaciones de pobreza, exclusión y barreras legales para acceder al trabajo formal.
Una mirada internacional: el caso del Sindicato de Manteros en Madrid
Una experiencia que puede arrojar luz sobre la situación local es la del Sindicato de Manteros en Madrid, España. En una reciente entrevista con Malik Gueye, dirigente del sindicato, compartió cómo la creación de la marca de ropa “Pantera” ha transformado las vidas de manteros en situación irregular en ese país.
El proyecto busca brindar oportunidades para que los vendedores ambulantes dejen la calle, trabajando en diseño y serigrafía en un local propio. Este espacio no solo les permite generar ingresos, sino también avanzar hacia la regularización migratoria, un paso fundamental para salir de la marginalidad.
“Es un proyecto comunitario, político y antirracista. Cada prenda tiene mensajes que denuncian el racismo que enfrentamos en España y Europa. Lo hemos hecho sin apoyo institucional, solo con la fuerza de nuestra comunidad”, explica Gueye.
Desafíos compartidos: leyes y exclusión
Tanto en España como en Argentina, los manteros enfrentan obstáculos similares: leyes migratorias restrictivas, criminalización de la informalidad y estigmatización social. Durante la pandemia, estas dificultades se agravaron, dejando a los trabajadores informales sin ingresos ni asistencia estatal.
Sin embargo, el apoyo mutuo ha sido clave para la resiliencia de estas comunidades. En Madrid, los manteros crearon una caja de resistencia para sostenerse durante el confinamiento, demostrando cómo la solidaridad puede suplir la ausencia estatal.
Reflexión: soluciones posibles desde lo local
El caso de la marca Pantera invita a pensar en cómo se podrían implementar proyectos similares en Balvanera y otras zonas de la ciudad. La clave podría residir en la combinación de iniciativas comunitarias, apoyo de organizaciones sociales y políticas públicas que reconozcan la venta ambulante como una realidad compleja que no puede resolverse solo con prohibiciones o desalojos.
La historia de los manteros en Madrid deja una lección clara: donde las leyes excluyen, la comunidad encuentra caminos alternativos. Quizás sea hora de que Buenos Aires tome nota y explore soluciones innovadoras que combinen inclusión, regulación y dignidad para todos.













