En una ciudad donde el déficit de espacios verdes es una problemática crónica, la Comuna 3 de Buenos Aires es una de las que enfrenta una de las situaciones más alarmante.
Alberto Aguilera, coordinador de la Red de Vecinos Manzana 66, advierte sobre la desaparición de los últimos plazones ferroviarios, que en lugar de ser convertidos en parques, son objeto de desarrollos inmobiliarios. En la misma línea, el arquitecto Rubén Kavanagh, especialista en urbanismo y medio ambiente, señala que la situación de la Comuna 3 es solo un reflejo de un problema mayor que afecta a toda la ciudad: el desequilibrio en la distribución de espacios verdes y la falta de una estrategia para revertirlo.
«En la Ciudad de Buenos Aires tenemos un tercio de los espacios verdes que recomienda la OMS. En vez de generar nuevas áreas verdes, se diseñan espacios que no cumplen con las necesidades reales, como el parque lineal sobre la Avenida Honorio Pueyrredón, que no cuenta ni siquiera con bebederos y cuya finalidad parece ser más la habilitación de mesas para comercios que la recreación de los vecinos», denuncia Kavanagh.
El problema no se limita a la falta de espacios verdes. La saturación de las avenidas debido a las construcciones en altura y la carencia de planificación han generado crisis en el tránsito, la provisión de servicios y la seguridad. «La infraestructura no acompaña el crecimiento inmobiliario. Se construyen edificios sin garantizar el acceso a estacionamientos, agua, luz y gas. Los cortes de energía son cada vez más frecuentes y las redes de transporte público están colapsadas», agrega Aguilera.
Ante este panorama, los vecinos impulsan nuevos proyectos para recuperar espacios públicos y mejorar la calidad de vida en la comuna. Un ejemplo es la propuesta para transformar en plaza el terreno delimitado por las calles Hidalgo, Coite, Venancio Flores y Nicolás Vila, actualmente ocupado por vías ferroviarias en desuso. «Se trata de una solución sencilla y de bajo costo: cubrir las vías con una plataforma estructural que permita la creación de un parque sin afectar la circulación vehicular», explica Kavanagh.
El proyecto, que busca generar una plaza de 50 metros de ancho por 120 de largo, plantea la incorporación de juegos infantiles, áreas de descanso y vegetación, beneficiando tanto a los vecinos como a los miles de niños que viven en los edificios de la zona. «Iluminar la zona y sumar espacios recreativos ayudaría a reducir la inseguridad y mejorar la calidad de vida de quienes vivimos aquí», señala Aguilera.
Mientras los vecinos insisten en la necesidad de un desarrollo urbanístico equitativo, la ciudad continúa creciendo sin una planificación adecuada. La pregunta sigue en el aire: ¿podrá Buenos Aires revertir su déficit de espacios verdes antes de que la falta de planificación haga colapsar su infraestructura?












