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Manzana 66 celebra seis años como emblema de la lucha vecinal en Balvanera

El espacio verde, que también alberga una escuela, es el resultado de una prolongada lucha vecinal para frenar un megaemprendimiento que pretendía construir un microestadio en una zona ya saturada por el tráfico y la edificación. Por Martín Bustamante.

La Plaza Manzana 66, ubicada en el barrio porteño de Balvanera, celebró su sexto aniversario como un símbolo del esfuerzo comunitario y la resistencia frente a la especulación inmobiliaria.

En este marco, Abran Paso dialogó con Alberto Aguilera, coordinador de la Red de Vecinos Manzana 66, quien reflexionó sobre el recorrido y los desafíos de este proyecto.

Un diseño sin rejas: un logro transformador

“Fue un desafío muy importante conseguir la plaza y la escuela, y además lograr el diseño de una plaza sin rejas en un barrio complicado”, destacó Aguilera. Según explicó, la decisión de no instalar rejas generó debates intensos en la comunidad. Sin embargo, el tiempo demostró que la convivencia en este espacio público es posible y enriquecedora. “Hoy, a las 11 o 12 de la noche, pasás por la plaza y hay gente disfrutando. Es un lugar que muchas personas usan porque no tienen otras posibilidades de descanso o recreación”, agregó.

Aguilera recordó que incluso el día de la inauguración, un periodista calificó la decisión como “arriesgada”. Pero, según él, la experiencia ha demostrado que los problemas de seguridad que enfrentan otras plazas enrejadas no son exclusivos de estos espacios y que las rejas no siempre brindan soluciones.

Un espacio para todos

La Plaza Manzana 66 se ha convertido en un punto de encuentro para diversos grupos sociales: personas que corren, vecinos que almuerzan, estudiantes, trabajadores que organizan sus actividades, y grupos que llevan a sus mascotas. “La plaza se ha transformado en un lugar que la comunidad siente como propio. Esto es clave porque es la única forma de defenderla”, aseguró Aguilera.

Además, la escuela construida en el predio ha pasado de ofrecer 300 vacantes a albergar 540 estudiantes en tres turnos, convirtiéndose en un pilar educativo para el barrio. Aguilera también destacó el trabajo de las guardaparques y los empleados del espacio, quienes cuidan la plaza como si fuera suya.

Tensiones y convivencia

Como en cualquier espacio público, no faltan los desafíos de convivencia. “Al principio, algunos grupos ponían música muy fuerte, pero dialogamos y logramos que giraran los parlantes hacia el centro. Es importante aprender a ceder y convivir”, comentó Aguilera. También mencionó que ciertos conflictos surgen de la politización durante períodos electorales, aunque enfatizó que el grupo de vecinos siempre buscó mantenerse unido más allá de las diferencias partidarias.

Un modelo de resistencia vecinal

La historia de la Plaza Manzana 66 es también una crónica de resistencia frente a las dificultades. Aguilera recordó los primeros años de lucha en la Legislatura porteña, donde muchas veces sintieron que sus esfuerzos no eran escuchados. “Durante dos años, nuestra única defensa fueron los bombazos de la prensa. Pero logramos que se nos prestara atención y seguimos adelante”, relató.

La plaza es hoy un ejemplo de cómo la organización vecinal puede transformar un espacio y generar impacto positivo en una comunidad. A seis años de su inauguración, Manzana 66 sigue siendo un recordatorio del poder de la unión y la perseverancia en la construcción de una ciudad más habitable.