La red Manzana 66 considera el aumento de personas en situación de calle se debe principalmente a los problemas de salud mental y la falta de paradores para albergarlas. La descoordinación entre organismos agravan una crisis social que ya se siente en cada cuadra del barrio.
Las reuniones de Comisarías Cercanas son, en teoría, un espacio para que los vecinos y vecinas dialoguen con las autoridades sobre los problemas de seguridad en su barrio. Sin embargo, para Alberto Aguilera, integrante de la red de vecinos Manzana 66, esos encuentros reflejan algo mucho más profundo: el deterioro social que atraviesa Balvanera y la falta de políticas efectivas frente a la creciente cantidad de personas que viven en la calle.
En diálogo con Abran Paso, Aguilera explicó que la situación se ha vuelto cada vez más difícil. “En la manzana tenemos mucha gente con problemas de salud mental que vive en la calle. El Ministerio de Desarrollo Humano trabaja bien, pero cuando una persona rechaza la ayuda, el Estado se retira y todo queda igual”, señaló. Según cuenta, el servicio 108 responde con rapidez, pero el sistema se traba cuando el individuo no acepta el traslado a un parador.
El referente barrial advirtió que en esas circunstancias “no hay acompañamiento médico ni judicial que permita actuar en casos donde la persona no puede decidir por sí misma”. Propuso, por eso, crear equipos móviles con psiquiatras y funcionarios judiciales que intervengan de manera preventiva y humanitaria. “Todo termina en salud mental —dijo—. Es doloroso, porque ves gente que se cayó del sistema: profesionales, jubilados, personas que trabajaron toda su vida y hoy no tienen dónde dormir”.
Falta de control y descoordinación
Aguilera también cuestionó el funcionamiento de los espacios de participación ciudadana impulsados por el Gobierno porteño. Denunció la existencia de chats vecinales administrados por funcionarias o integrantes de organizaciones afines al oficialismo donde se filtran y moderan los reclamos. “Si vos escribís algo que no les gusta, te borran. Y además, las denuncias que se hacen ahí no quedan registradas oficialmente. Entonces bajan las estadísticas y los problemas desaparecen de los números, pero no de la calle”, sostuvo.
Según explicó, la baja participación en las reuniones oficiales permite que ciertos sectores intenten imponer discursos de exclusión. “Hay grupos que piden cerrar paradores o expulsar a la gente en situación de calle. Esas propuestas, que parecen espontáneas, están armadas desde el propio gobierno para justificar recortes y mostrar supuestos pedidos vecinales”, afirmó.
Un barrio que resiste
Pese a las dificultades, Alberto Aguilera destacó el trabajo conjunto con algunos funcionarios de seguridad y prevención que sí responden a los reclamos. “Cuando planteamos un problema en la plaza, lo resolvieron enseguida. No todo es negativo: hay agentes que trabajan bien y conocen a los vecinos”, reconoció.
Sin embargo, volvió a remarcar que las soluciones no pueden ser parciales ni expulsivas. “Mover el problema de una cuadra a otra no es una respuesta. Hay que atender las causas, no esconder la pobreza”, expresó.
La red Manzana 66, nacida de la movilización vecinal que logró recuperar el predio donde hoy se levanta la plaza del barrio, se convirtió en una referencia en temas de participación, espacio público y convivencia urbana. Desde allí, sus integrantes reclaman una mirada integral que contemple tanto la seguridad como la dignidad de quienes atraviesan situaciones extremas.
“La ciudad está mal —dijo Aguilera—. Hay más gente en la calle, más violencia y menos escucha. Lo que necesitamos no son discursos sobre orden, sino políticas reales para que nadie tenga que dormir en una vereda.”












