Salir a correr, caminar o entrenar con un smartwatch se volvió una práctica común en las grandes ciudades, donde la tecnología ayuda a medir pasos, calorías o ritmo cardíaco. Sin embargo, en Balvanera, uno de los barrios más densamente poblados de la Ciudad de Buenos Aires, los vecinos enfrentan un problema que no pasa desapercibido: la falta de espacios verdes y lugares adecuados para la actividad física al aire libre.
Un barrio con poco espacio verde
Según datos oficiales del Gobierno de la Ciudad, Balvanera es uno de los barrios con menor cantidad de metros cuadrados de espacio verde por habitante. A diferencia de Palermo o Recoleta, donde abundan plazas y parques, en Balvanera los corredores, ciclistas o quienes simplemente buscan hacer gimnasia en un entorno abierto deben adaptarse a la escasez.
Las pocas plazas disponibles —como la Plaza Primero de Mayo, la Plaza Manzana 66 o la Plaza Velasco Ibarra— no siempre ofrecen las condiciones necesarias para entrenar cómodamente. En horas pico, se llenan de familias, juegos infantiles y actividades recreativas que dejan poco lugar para quienes quieren ejercitarse.
Calles congestionadas y riesgos viales
Ante la falta de espacios verdes, muchos vecinos optan por usar las veredas o avenidas como lugar de entrenamiento. Sin embargo, esta práctica está lejos de ser ideal: el tránsito intenso, los semáforos constantes y el mal estado de algunas veredas convierten la experiencia en un riesgo para la seguridad.
“Correr por Rivadavia o Corrientes es casi imposible. Entre los colectivos, la gente y los cortes de calle, uno termina más estresado que ejercitado”, comenta Marta, vecina de la zona que utiliza su smartwatch para registrar las caminatas diarias.
La situación se complica aún más para quienes andan en bicicleta o buscan entrenar con patines, ya que Balvanera carece de ciclovías amplias y seguras en varias de sus arterias principales.
Plazas con equipamiento insuficiente
En los últimos años, el Gobierno porteño instaló aparatos de gimnasia en varias plazas, pero en Balvanera la cantidad resulta insuficiente frente a la demanda. Muchos de estos equipos presentan además desgaste o falta de mantenimiento, lo que limita su uso.
En Plaza Manzana 66, por ejemplo, los aparatos suelen estar ocupados y las pistas perimetrales son demasiado pequeñas para entrenamientos largos. Quienes buscan correr distancias mayores deben dar decenas de vueltas a la manzana, lo que vuelve monótona la práctica.
El contraste con otros barrios
El déficit de espacios para el ejercicio en Balvanera se vuelve más evidente al comparar con barrios vecinos. Recoleta cuenta con plazas más amplias y arboladas, mientras que Palermo concentra el Parque Las Heras y el Parque Tres de Febrero, epicentro del running porteño.
Esta desigualdad territorial genera que muchos vecinos de Balvanera deban trasladarse a otros barrios para entrenar, algo que no siempre es posible por falta de tiempo o por los costos de transporte.
Impacto en la salud y la vida cotidiana
La Organización Mundial de la Salud recomienda al menos 150 minutos de actividad física moderada por semana para mantener una buena salud. En un barrio donde la falta de espacios verdes limita el movimiento, cumplir con esta meta resulta más difícil.
Los especialistas en medicina deportiva destacan que la actividad física al aire libre no solo contribuye al estado físico, sino también a la salud mental, ya que reduce el estrés y mejora el ánimo. La carencia de entornos adecuados afecta, por lo tanto, la calidad de vida de miles de vecinos.
Posibles soluciones y demandas vecinales
Diversas organizaciones barriales y grupos de corredores vienen reclamando más infraestructura deportiva y espacios verdes en Balvanera. Una de las propuestas más repetidas es la creación de corredores aeróbicos seguros en calles específicas, con señalización y mejor iluminación.
También se plantea la necesidad de ampliar y mejorar las plazas existentes, incorporando más aparatos de gimnasia, pistas de trote y áreas exclusivas para ejercicio físico. Esto no solo beneficiaría a quienes usan smartwatch para controlar su rendimiento, sino también a adultos mayores y familias que buscan espacios más saludables.
Un desafío pendiente
Mientras tanto, los vecinos de Balvanera siguen improvisando rutinas entre veredas angostas, plazas colmadas y gimnasios cerrados en temporada baja. La tendencia global hacia el ejercicio medido con tecnología contrasta con la realidad de un barrio donde moverse libremente al aire libre sigue siendo un desafío.
El debate sobre cómo mejorar la calidad de vida urbana está abierto, y la falta de espacios para entrenar en Balvanera se presenta como un tema central para futuras políticas públicas.













