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Subte Línea H: denuncian graves problemas de accesibilidad, higiene y mantenimiento en la estación Venezuela

La estación Venezuela de la Línea H, ubicada en Balvanera frente a la plaza Manzana 66, presenta graves problemas de accesibilidad, falta de mantenimiento e higiene deficiente. Vecinos denuncian escaleras mecánicas fuera de servicio, ascensores en mal estado y condiciones indignas, que afectan especialmente a personas con movilidad reducida. Por Martín Bustamante.

La estación Venezuela de la Línea H de subte, ubicada en el barrio de Balvanera frente a la plaza Manzana 66, presenta serias deficiencias en su infraestructura, con escaleras mecánicas fuera de servicio, ascensores en pésimo estado y condiciones de higiene alarmantes. Así lo denunció la vecina Adriana Jablonskis, integrante de la Red Manzana 66, tras vivir en primera persona una experiencia que describe como “decepcionante, peligrosa e indigna”.

La situación fue relatada luego de un recorrido ocasional por la estación, cuando Adriana debió utilizar la Línea H para asistir a una consulta médica. Aunque no es usuaria habitual del subte, su testimonio expone un problema que, según los vecinos, se repite a diario y afecta especialmente a personas con movilidad reducida, adultos mayores y usuarios con discapacidad.

Escaleras que no funcionan y un ascensor en estado crítico

Uno de los principales problemas señalados es la falta de funcionamiento regular tanto de las escaleras mecánicas como del ascensor. Según contó Adriana, al intentar salir de la estación Venezuela se encontró con la escalera mecánica detenida. Un vecino que se encontraba en el lugar le indicó que, “de casualidad”, el ascensor estaba operativo.

Entramos al ascensor y ahí empezó otro problema: los botones no funcionaban bien, la botonera estaba prácticamente colgando y había que hacer mucha presión con la mano para que respondiera”, explicó. El hombre, vecino del barrio y taxista, le aseguró que esta situación ocurre todos los días y que existe toda una “técnica” para lograr que el ascensor se mueva.

La escena refleja una precariedad alarmante en un servicio básico, especialmente en una línea relativamente moderna como la H, que conecta barrios clave de la Ciudad y es utilizada por miles de personas a diario.

Un obstáculo cotidiano para personas con discapacidad

La situación se vuelve todavía más grave cuando se la analiza desde la perspectiva de la accesibilidad. ¿Cómo hace una persona en silla de ruedas, con muletas o con movilidad reducida para utilizar un ascensor cuya botonera está rota y suelta?

“Imaginate un discapacitado tratando de apretar botones que están colgando. Es imposible”, sostuvo Adriana. La falta de mantenimiento transforma un recurso esencial en una verdadera barrera arquitectónica, contradiciendo los principios básicos de accesibilidad universal y el derecho a un transporte público inclusivo.

La Línea H fue concebida, justamente, como una de las más accesibles de la red. Sin embargo, la falta de mantenimiento sostenido parece haber deteriorado gravemente ese objetivo inicial.

Olor, suciedad y vidrios rotos: un combo preocupante

A los problemas mecánicos se suma un estado de higiene deplorable. La vecina describió un olor a orina “tremendo”, pisos sucios y vidrios manchados, escupidos y hasta astillados.

“El ascensor estaba realmente en condiciones horribles. No estoy pidiendo flores adentro, solo limpieza básica y mantenimiento, lo mínimo indispensable”, reclamó.

La situación genera no solo incomodidad, sino también riesgos sanitarios, especialmente en un espacio cerrado y de uso intensivo. La suciedad persistente, además, refuerza una sensación de abandono que impacta directamente en la percepción de seguridad.

Un problema recurrente que los vecinos naturalizan

Un punto central del testimonio es la naturalización del deterioro. Para los usuarios frecuentes, los problemas se volvieron parte del paisaje cotidiano.

“Este señor me decía que todos los días pasa lo mismo. A veces no anda la escalera, a veces el ascensor, y otras ninguno de los dos. Pero la gente se acostumbra, se resigna”, contó Adriana.

Esta adaptación forzada a condiciones deficientes genera un fenómeno silencioso: muchas personas directamente dejan de usar esa estación y buscan otras alternativas, incluso si eso implica caminar más cuadras o modificar recorridos habituales.

Reclamos, desgaste y abandono estatal

La experiencia también remite a una problemática más amplia: el desgaste que produce reclamar una y otra vez sin obtener respuestas concretas. Adriana recordó otros episodios similares, como los reiterados reclamos por los baños públicos del Cementerio de la Recoleta, que tardaron años en ser solucionados.

“La gente se cansa de reclamar. Llega un punto en que baja la cabeza, se adapta y sigue. Pero así no puede ser. Estamos hablando de servicios esenciales”, subrayó.

La estación Venezuela se encuentra en una zona densamente poblada, rodeada de escuelas, centros culturales, comercios y espacios verdes. La plaza Manzana 66 es un punto neurálgico de la vida barrial, con intensa circulación peatonal. El mal estado de la estación afecta directamente la calidad de vida de quienes viven y transitan la zona.

Un llamado urgente a la intervención

Desde el barrio, el reclamo es claro: mantenimiento integral, limpieza diaria, reparación de ascensores y escaleras mecánicas, y controles permanentes.

“No estoy pidiendo lujos. Pido lo básico: un ascensor limpio, botones que funcionen y escaleras que no estén siempre rotas. Hay que invertir donde realmente se necesita”, enfatizó Adriana.

La situación de la estación Venezuela no parece ser un caso aislado dentro de la red de subtes porteña, pero su deterioro extremo expone con crudeza la falta de políticas sostenidas de mantenimiento y control.

Mientras tanto, los vecinos de Balvanera siguen esperando respuestas. Y la estación, día tras día, continúa funcionando de manera precaria, transformando lo que debería ser un servicio público seguro y accesible en una experiencia incómoda, riesgosa y excluyente.