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Sudán: una guerra que se intensifica en la sombra de la geopolítica global

El conflicto revela una compleja trama de antecedentes históricos, disputas identitarias y una creciente injerencia de actores externos que condicionan su evolución. En un escenario de baja visibilidad global, la crisis humanitaria se agrava mientras aumentan los riesgos de expansión regional. Por Martín Bustamante.
Continúa la guerra en Sudan

A tres años del inicio de la guerra en Sudán, el conflicto no solo persiste sino que se profundiza en niveles de violencia extrema, en un escenario donde la historia, los intereses internacionales y las disputas regionales se entrelazan de manera cada vez más compleja.

En diálogo con este medio, el historiador Dagauh Komenan advierte que las atrocidades actuales no pueden entenderse como un fenómeno reciente. “No empiezan con esta guerra”, señala, al vincular la violencia actual con antecedentes que se remontan a principios de los 2000, particularmente en la región de Darfur.

Una violencia con raíces históricas

Según Komenan, la actual Fuerzas de Apoyo Rápido tiene su origen en las milicias janjaweed, acusadas de llevar adelante procesos de limpieza étnica contra poblaciones negroafricanas. Este accionar fue uno de los factores que derivó en la orden de arresto internacional contra el ex presidente Omar al-Bashir por parte de la Corte Penal Internacional.

Lo que vemos hoy es la continuidad de prácticas que ya existían”, explica el historiador, al subrayar que el conflicto actual reactualiza tensiones identitarias y raciales en un país atravesado por divisiones históricas.

Una guerra cada vez más internacionalizada

Lejos de ser un conflicto exclusivamente interno, la guerra en Sudán se ha convertido en una guerra civil internacionalizada, con múltiples actores externos involucrados.

Entre los países de la región, Komenan menciona la participación de Egipto, Chad y Sudán del Sur, mientras que en el plano global aparecen potencias como Emiratos Árabes Unidos —señalado como principal respaldo de las fuerzas paramilitares—, Irán, Rusia y China.

El tablero se completa con el rol indirecto de Estados Unidos, cuyo aliado regional, Kenia, ha albergado instancias políticas vinculadas a uno de los bandos en disputa.

“Es un batiburrillo de intereses globales en un territorio estratégico”, resume Komenan.

Intereses estratégicos y rutas clave

Uno de los elementos centrales que explican la dimensión internacional del conflicto es su ubicación geopolítica. Sudán ocupa un lugar clave en rutas comerciales y energéticas, especialmente en relación al acceso al Mar Rojo.

Komenan señala que el conflicto se intensifica tras la intención de establecer una base rusa en el país, un movimiento que hubiera reforzado la presencia de Moscú en una zona estratégica para el comercio marítimo global.

África, atrapada entre intereses cruzados

Para los países africanos, la crisis representa un desafío mayúsculo. Según el historiador, la región se encuentra dividida y sin capacidad de acción coordinada, en parte por la complejidad del conflicto y en parte por los antecedentes políticos de los propios actores sudaneses.

El actual líder militar Abdel Fattah al-Burhan y su rival fueron aliados en el pasado reciente, tras protagonizar un golpe de Estado, lo que dificulta la toma de posición por parte de otros países africanos.

Es elegir entre dos actores con legitimidad cuestionada”, explica Komenan.

Una guerra eclipsada por otros conflictos

A pesar de su magnitud —con millones de desplazados—, la guerra en Sudán ha quedado relegada en la agenda internacional. La creciente centralidad de otros conflictos, como la guerra en Irán o la invasión de Ucrania, ha reducido su visibilidad mediática y política.

Este desplazamiento no solo impacta en la cobertura, sino también en la dinámica del conflicto: altera los apoyos internacionales y las capacidades militares de los actores locales, especialmente en áreas como el suministro de armas y financiamiento.

El rol debilitado de la comunidad internacional

En este contexto, organismos como la Organización de las Naciones Unidas aparecen desbordados.

“La ONU está superada”, afirma Komenan, al señalar que la acumulación de crisis globales —desde Medio Oriente hasta Europa del Este— ha relegado a Sudán a un segundo plano.

Riesgo de regionalización

Más allá del presente, uno de los mayores temores es que el conflicto escale hacia una guerra regional. La creciente implicación de países vecinos y actores indirectos abre la puerta a un escenario similar al de la República Democrática del Congo, donde múltiples actores prolongan y complejizan la violencia.

Existe un riesgo real de que el conflicto se expanda más allá de las fronteras sudanesas”, advierte el historiador.

Un conflicto persistente en el margen global

A tres años del inicio de la guerra, Sudán se consolida como uno de los escenarios más críticos del mundo actual: una crisis humanitaria de gran escala, atravesada por disputas geopolíticas y relegada en la agenda internacional.

Mientras las potencias globales juegan su partida y las instituciones multilaterales pierden capacidad de respuesta, el país africano continúa sumido en una guerra que, lejos de encontrar una salida, parece profundizarse en silencio.