|

Cuatro años de guerra en Ucrania: estancamiento, desgaste y un conflicto sin salida clara

A cuatro años del inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, el conflicto sigue sin una salida política o militar visible. El análisis del especialista Juan Battaleme advierte sobre un escenario de desgaste prolongado, enormes costos humanos y un estancamiento que impacta no solo en la región, sino también en Europa y el orden internacional. Por Martín Bustamante.

A cuatro años del inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, el conflicto sigue sin una resolución política ni militar visible. Para Juan Battaleme, exsecretario de Asuntos Internacionales del Ministerio de Defensa argentino y profesor de la Universidad del Centro de Estudios Macroeconómicos de Argentina (UCEMA), el escenario actual puede definirse como “un empate costoso” o un “estancamiento trágico”, marcado por el enorme costo humano, el desgaste militar y la imposibilidad de que alguna de las partes alcance una victoria decisiva.

Según el especialista, el mapa del conflicto muestra que Rusia avanzó muy poco en relación con su potencial militar, mientras que Ucrania logró frenar ese avance, pero sin capacidad real de recuperar el territorio perdido. El resultado es un frente prácticamente congelado, con pequeñas variaciones territoriales, pero con un saldo devastador de alrededor de dos millones de víctimas.

“En cuatro años el mapa no varía tanto, pero el costo humano es gigantesco. Ninguno logró una victoria decisiva”, sintetiza Battaleme.

Una guerra de desgaste sin ganadores

La dinámica del conflicto derivó rápidamente en una guerra de desgaste o de atrición, donde la variable decisiva no es tanto la tecnología, sino la capacidad de sostener recursos humanos, económicos y militares en el tiempo. En ese terreno, Rusia cuenta con ventajas estructurales frente a Ucrania.

Battaleme explica que Rusia puede perder más, pero también producir más, reponer blindados, municiones y tropas, mientras que Ucrania depende en gran medida del apoyo externo, especialmente de Estados Unidos y Europa. Esa asimetría condena al conflicto a un largo estancamiento, sin avances decisivos.

“Es una guerra de números. Rusia estaba mejor preparada para una guerra de desgaste que Ucrania”, señala.

La utilización intensiva de drones, misiles y ataques de precisión no logró modificar sustancialmente el tablero. Aunque Ucrania demostró capacidad para golpear objetivos estratégicos dentro de Rusia, el impacto fue más simbólico que estratégico, sin alterar la capacidad rusa de sostener el conflicto.

Las grandes batallas: heroísmo y tragedia

Entre los principales hitos militares, Battaleme destaca cuatro batallas clave:

  • Kiev, donde Ucrania logró frenar el avance inicial ruso y demostrar su capacidad defensiva.
  • Mariúpol, una victoria estratégica para Rusia, obtenida tras un asedio devastador.
  • Járkov, donde Ucrania consiguió resistir y contener al ejército ruso.
  • Bajmut, la batalla más sangrienta y prolongada del conflicto.

Estas ofensivas, señala, comparten un mismo patrón: enfrentamientos brutales propios de una guerra de desgaste, donde la superioridad numérica terminó inclinando la balanza a favor de Rusia, pese a la resistencia heroica ucraniana.

“Todas estas batallas serán recordadas como épicas, pero los resultados estratégicos quedaron mayormente del lado ruso”, afirma.

El rol decisivo de la población civil

La guerra también puso en primer plano el papel de la sociedad civil. Según Battaleme, la población cumplió funciones clave en tareas de inteligencia, observación y resistencia, además de integrar las filas del ejército ucraniano.

“Los civiles pasaron a ser el ejército de reserva de Ucrania”, explica, al tiempo que remarca que la ocupación rusa implicó desplazamientos masivos y graves violaciones a los derechos humanos, cuyos alcances todavía están siendo documentados.

En este contexto, la guerra dejó de ser exclusivamente militar para convertirse en una experiencia social total, atravesando todos los aspectos de la vida cotidiana.

Negociaciones: sin horizonte de paz

Pese a los reiterados intentos diplomáticos, Battaleme considera que no existen hoy condiciones reales para un acuerdo de paz. Las posiciones de Moscú y Kiev resultan profundamente incompatibles.

Rusia exige cesiones territoriales, mientras que Ucrania no puede aceptar políticamente un mapa cercenado tras cuatro años de guerra. Al mismo tiempo, las propuestas de garantías de seguridad impulsadas por Estados Unidos y Europa no terminan de convencer a ninguna de las partes.

“Ninguno siente que perdió la guerra, y por eso ninguno quiere hacer concesiones”, resume.

Incluso un eventual acuerdo impulsado por Washington, advierte, podría beneficiar políticamente a Estados Unidos, pero dejaría muy mal posicionados a Ucrania y a Europa, consolidando una paz frágil y con sabor a derrota.

Europa: el gran perdedor

Para Battaleme, el conflicto también dejó un saldo negativo para la Unión Europea. Crisis energética, inflación, aumento del gasto militar y pérdida de autonomía estratégica son algunas de las consecuencias más visibles.

“Europa salió claramente perjudicada. Tiene que abandonar su zona de confort y repensar su lugar en el mundo”, sostiene.

El especialista señala que el continente enfrenta un dilema profundo: reconstruir su capacidad de defensa, redefinir su relación con Estados Unidos y asumir el impacto del nuevo orden multipolar. La guerra aceleró el fin de una etapa marcada por el bienestar y la estabilidad, empujando a Europa hacia una realidad más dura e incierta.

Un conflicto sin final cercano

Cuatro años después del inicio de la invasión rusa, el conflicto en Ucrania aparece atrapado en una lógica de desgaste prolongado, con altísimo costo humano, sin soluciones políticas viables y con un impacto global creciente.

Para Battaleme, el escenario más probable es la continuidad del estancamiento, hasta que alguna de las partes vea seriamente comprometida su capacidad de sostener la guerra.

“Es una tragedia prolongada, donde nadie gana y todos pierden”, concluye.