Integrantes de la Unión de Vendedores Ambulantes de Once aseguran que sufren decomisos, contravenciones y agresiones durante operativos en la zona comercial de Balvanera
La crisis económica, la caída del consumo y los operativos de control en la vía pública forman parte del escenario cotidiano que describen los integrantes de la Unión de Vendedores Ambulantes de Once (UVAO), una organización recientemente conformada por trabajadores informales de la zona comercial de Balvanera.
“Nos juntamos porque la estamos pasando muy mal”, explicó Ariel, uno de los referentes del espacio, en diálogo con este medio. Según relató, la agrupación comenzó a organizarse entre vendedores ambulantes de Once para visibilizar situaciones de hostigamiento y reclamar canales de diálogo con el Gobierno de la Ciudad.
“No somos manteros”
Uno de los ejes centrales del reclamo apunta a diferenciar la venta ambulante de la actividad de los manteros.
“Nosotros no ocupamos media vereda ni instalamos una manta. Caminamos vendiendo con la mercadería en la mano”, sostuvo Ariel, quien trabaja hace más de 30 años en la zona de Once.
Según explicó, los vendedores ambulantes suelen comercializar productos de bajo costo y consumo rápido, como medias, guantes, bufandas, paraguas, figuritas o álbumes.
“La situación no nos permite comprar mucha mercadería. Compramos una o dos docenas y salimos a vender. Vendemos, volvemos a comprar y seguimos”, describió.
El entrevistado aseguró que la caída del poder adquisitivo también afecta las ventas y obliga a extender las jornadas laborales.
“Hay días que estamos ocho, diez o doce horas y no llegamos igual”, afirmó.
Operativos, decomisos y contravenciones
Durante la entrevista, Ariel denunció situaciones de hostigamiento por parte de agentes de Espacio Público y efectivos de la Policía de la Ciudad durante los operativos realizados en Once.
“Nos sacan la mercadería de la mano y la tiran al piso para decir que somos manteros”, sostuvo.
Según explicó, los procedimientos suelen terminar con decomisos y actas contravencionales por “uso indebido del espacio público”.
Además, afirmó que recuperar la mercadería secuestrada implica costos económicos difíciles de afrontar.
“Te cobran más por retirar cuatro guantes que por volver a comprar una docena”, señaló.
De acuerdo con su testimonio, varios vendedores acumulan contravenciones y algunos incluso deben realizar tareas comunitarias.
El uso de celulares para registrar operativos
Otro de los puntos mencionados por los integrantes de la organización tiene que ver con la utilización de teléfonos celulares para grabar procedimientos policiales y operativos de control.
“Empezamos a filmar porque es la única manera de mostrar lo que pasa”, explicó Ariel.
Según relató, los vendedores registran situaciones de decomisos, discusiones y presuntos malos tratos durante los procedimientos.
En ese marco, también aseguró que algunos efectivos les advierten que no pueden grabar los operativos, aunque afirmó que continúan haciéndolo para utilizar el material como respaldo ante eventuales denuncias judiciales.
Un reclamo por diálogo y reconocimiento
Desde la UVAO aseguran que el principal objetivo de la organización es abrir una instancia de negociación con el Gobierno porteño.
“Queremos una mesa de diálogo. No pedimos otra cosa que trabajar”, sostuvo Ariel.
El referente planteó además la necesidad de actualizar la regulación vinculada a la venta ambulante y diferenciarla de otras modalidades de ocupación fija del espacio público.
En ese sentido, señaló que actualmente muchos trabajadores recurren a esta actividad como forma de subsistencia frente a la falta de empleo formal.
“Hoy ves gente grande vendiendo alfajores o medias porque no tiene otra opción para llevar comida a la casa”, expresó.
La vida cotidiana en Once
Ariel también describió el vínculo cotidiano que mantienen muchos vendedores con comerciantes y vecinos del barrio.
“La mayoría nos conoce hace años. Saludamos, compramos en los mayoristas de la zona y caminamos el barrio todos los días”, contó.
Además, remarcó que muchos vendedores viven en Balvanera y forman parte de la dinámica habitual del área comercial de Once.
“La gente del barrio sabe quiénes somos”, concluyó.















