La venta ambulante es un tema que divide aguas en los barrios porteños y, especialmente, en zonas como Balvanera, donde la presencia de manteros en el espacio público genera discusiones constantes entre vecinos, comerciantes, organizaciones sociales y autoridades.
Para entender cómo se vive y se organiza este fenómeno en otras partes del mundo, Abran Paso dialogó con un integrante del Sindicato de Manteros de Madrid, una organización nacida desde las bases, conformada por migrantes africanos que ejercen la venta ambulante en las calles de la capital española. Su historia no sólo refleja similitudes con lo que ocurre en Buenos Aires, sino que también plantea alternativas para pensar otros modos de abordar la problemática.
Una organización nacida de la necesidad
“El sindicato nace de las luchas de los colectivos migrantes que ya venían organizándose desde 2006, en el contexto de la regularización extraordinaria en España”, explica el entrevistado. Desde ese proceso surgió primero la Asociación de los Sin Papeles de Madrid, y luego en 2015 el colectivo decidió dar un paso más: construir una organización política con enfoque de clase y racial, que se autodenomina “sindicato”, aunque no tenga reconocimiento legal formal.
La mayoría de quienes lo integran son migrantes del sur global. “La venta ambulante no es una opción, es una imposición. Llegás a España sin papeles y no te queda otra que buscar una manera de sobrevivir”, resume. La organización se posiciona como una forma de resistencia ante la criminalización, la persecución policial y el racismo institucional.
Entre la persecución y el empoderamiento
La realidad legal es compleja. Las personas sin papeles no pueden conformar sindicatos oficiales, y la venta ambulante no está regularizada. Por eso, el colectivo se inscribe jurídicamente como una asociación, pero mantiene el nombre de “sindicato” como afirmación política de su identidad y su lucha.
“Lo nuestro es activismo puro. Lo hacemos por vocación y por necesidad. Somos migrantes organizándonos desde la base”, explican. Desde clases de español y acompañamiento social hasta acciones de visibilización e incidencia política, el Sindicato de Manteros construye redes de solidaridad y contención que trascienden la manta.
Uno de sus proyectos más visibles es la tienda Panteras, una marca colectiva de ropa que canaliza ingresos para sostener actividades sociales, pero también busca demostrar que hay otras formas posibles de inclusión sociolaboral.
Lo que su lucha deja como enseñanza
Desde el sindicato aseguran que uno de los mayores logros fue politizar el debate sobre la venta ambulante. “Antes éramos vistos solo como ilegales o mafiosos. Hoy mucha más gente entiende que detrás hay personas que luchan por sobrevivir en un sistema que los excluye”, afirman.
Reconocen que aún enfrentan estigmatización mediática, pero también que su accionar generó cambios concretos, como facilitar el empadronamiento —un paso clave para la regularización— y poner en agenda reformas a la ley de extranjería.
“Lo más importante que aprendimos es que la autoorganización es clave. Si no nos defendemos entre nosotros, nadie lo hace”, concluyen.
Una experiencia que interpela a Buenos Aires
La situación en Balvanera no es idéntica, pero sí comparable. La venta ambulante, especialmente en zonas como Once, involucra a trabajadores informales, migrantes, sectores precarizados y muchas veces también intermediarios que lucran con la necesidad ajena.
Pero lo que muestra el caso madrileño es que la persecución no resuelve el problema, y que es posible construir alternativas desde la organización colectiva, el reconocimiento de derechos y la escucha mutua.















